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Mostrando entradas con la etiqueta Meditación Matinal 2011. Mostrar todas las entradas
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Matutina del 22 de Septiembre del 2011.

SAL DEL ARCA
Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. Génesis 8:16.

Recuerdo la última noche en mi tierra natal. Al día siguiente, partiríamos hacia la capital, en búsqueda de nuevos horizontes.

Yo debía tener trece años: era un adolescente, con ganas de vivir.

Miré el cielo estrellado, y noté que la noche estaba más melancólica que nunca.

Me senté en la terraza, donde en otros tiempos me había sentido tan feliz. ¡No podía negar que me asustaba lo desconocido!

Hoy, entiendo que mis padres tuvieron el valor de aceptar que, en la vida, es necesario “salir del arca” si quieres vencer.

El arca significa lo conocido, lo cómodo, lo seguro; aquello que no implica ningún riesgo. Si te quedas en ella, jamás verás nuevos horizontes.

Dios no te creó para que envejezcas en el arca: el barco de madera es solo una medida de emergencia; es circunstancial. La orden divina es: “Sal del arca”.

¿Cuál es el arca del que te aferras?

Todos los días, por diferentes motivos, los seres humanos viven construyendo arcas y justificando su permanencia en ellas.

Dios es un Dios de desafíos. A Abraham le ordenó, cierto día: “Sal de tu tierra, de tu parentela, a una tierra que yo te mostraré”. Y el patriarca, con 65 años de edad, no vaciló: tomó a su gente y partió.

A Pedro le dijo, una noche: “Ven”. Y el discípulo abandonó sus temores, sacó el pie del barco y fue a Jesús, andando por encima del agua.

Tú sabes que nadie puede andar por encima del agua; si lo haces, quiebras una ley de la naturaleza. ¿Sabes lo que Jesús te quiere decir hoy?

Que, si eres capaz de verlo en medio de la oscuridad y sales del barco, podrás quebrar el presente estado de cosas.

Hay demasiada apatía, demasiada mediocridad, escondiendo los temores interiores de gente que se niega a avanzar.

En el nombre de Jesucristo, haz de este un día de crecimiento.

Revisa el rumbo de tu vida, analiza tus decisiones, acércate a la ventana del alma, y observa los horizontes vastos y las praderas sin fin a donde Dios desea conducirte.

No te detengas: el hecho de que hasta aquí te fue bien no quiere decir que no haya maneras mejores de hacer las cosas. Atrévete a salir del arca, porque la orden divina es:

Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo”. Génesis 8:16.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 21 de Septiembre del 2011.

¿A QUIÉN SEGUIR?
¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Génesis 3:1.

–¡No sé qué hacer; simplemente, no lo sé!

Con el rostro entre los brazos, sentada frente a mí, Claudia era el retrato de tantas personas, inmersas en un mundo de dudas:

matrimonio en bancarrota, crisis en el trabajo, deudas y luchas diarias con la depresión, Claudia buscaba respuestas.

Son tantas”, decía ella, “tantos caminos, tantas filosofías, tantas propuestas, que es imposible saber lo que es o no es correcto”.

Verdad y mentira. Verdad, que existen muchas filosofías, caminos y alternativas.

Vivimos en un tiempo en el cual está de moda creer en algo, vivir la espiritualidad, buscar la armonía del alma.

El enemigo de nuestras almas es especialista en crear confusión en la mente del ser humano; fue así en principio, y continúa así actualmente.

La pregunta del texto de hoy es una de las más difíciles de traducir.

En el hebreo, sugiere dos ideas diferentes, y eso causa cierta contradicción entre los estudiosos de la Biblia.

El enemigo formuló una pregunta con el claro objetivo de confundir a Eva; su intención era llevarla a dudar de Dios.

Y continúa siendo este su objetivo hoy, al presentar tantas filosofías, creencias y caminos alternativos.

Es muy probable que, en algún momento, te hayas sentido como Claudia, sin saber adónde ir, qué hacer o qué dirección tomar.

En la carretera de la vida, todo parece oscuro y te parece imposible llegar a destino.

El caso de Claudia muestra que buscar el rumbo llevada por las ideas y las filosofías humanas solo te conduce a la confusión: el camino es la Palabra de Dios.

La Biblia es el mapa del viajero; el GPS para el perdido; la señal de tránsito que indica: sigue adelante, a derecha o a izquierda.

Las orientaciones divinas son claras y objetivas: a nadie le fue mal por haberlas obedecido.

Deposita tu confianza en Dios. Aunque al principio no lo entiendas; a pesar de que tu humanidad te hace pensar que la orientación está equivocada.

Dios jamás falló a los hijos sinceros, que van a él en busca de orientación y de consejo.

Haz de este un día de obediencia a sus orientaciones, y recuerda que el enemigo puede aparecer, en algún momento, susurrándote:

“¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?”. Génesis 3:1.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 20 de Septiembre del 2011.

TÚ ESCOGES
Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho... Génesis 3:1

Su rostro, reflejado en la pantalla de la computadora, mostraba la lucha de su corazón: con el mouse en la mano, enfrentaba una intensa batalla interior; tan intensa como la lluvia que caía en la ciudad, aquella noche.

¿Cuál era el problema? ¡Nunca nadie lo sabrá! Si fuese un enviciado, tal vez; pero, Carlos solo consideraba aquello un pasatiempo.

Su mente fabricaba argumentos, con el fin de comprar aquella película, pero su corazón gritaba:

¡No! La batalla de Carlos es la figura exacta de lo que sucede a muchos que buscan argumentos racionales para avalar sus pecados.

Desde que el mundo es mundo, el ser humano intenta justificar las cosas malas.

En la soledad de la noche, una lista infinita de argumentos desfiló por la mente de Carlos:

Eso era malo en el tiempo de mis padres”; “Eso es terrorismo de la iglesia”; “Moralismo barato”; “Puritanismo sin lógica”.

Ante todos esos argumentos, ¿cómo no iba a ser víctima de sus deseos?

En su abierta rebelión en contra de Dios, el ser humano lo ataca argumentando que es un déspota, un tirano, un dictador que se complace en quitar la libertad de sus criaturas, al bloquear los “placeres” de esta tierra con un sello de “prohibido”.

Esa acusación no es nueva; nunca lo fue: hace miles de años, uno de los ángeles inició una rebelión celestial utilizando las mismas acusaciones.

Dios ama a sus hijos y, en su infinito amor, dice “No” para algunas cosas, y orienta a sus hijos a obedecer por su propia seguridad.

Dios jamás obliga a nadie a seguir el camino que él presenta: la decisión siempre es tuya.

Una prueba de eso es el árbol del bien y del mal, en el Jardín del Edén. No estaba escrito, pero la opción de escoger era potestad del ser humano.

La obediencia a Dios no es esclavitud, sino el resultado de una elección.

Hoy, al salir para vencer tus desafíos, con seguridad encontrarás muchos “árboles” de prueba. 

En todas las situaciones recuerda que, cuando Dios ordena que no comerás del árbol de la ciencia del bien y del mal, es porque te ama; pero la elección es siempre tuya. Recuerda que 

la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho...” Génesis 3:1


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 19 de Septiembre del 2011.

VOLVED
El guarda respondió: La mañana viene, y después la noche; preguntad si queréis, preguntad; volved, venid. Isaías 21:12.

Todos sabemos que la mañana viene y después la noche.

No hay novedad ninguna en esta declaración, a no ser por un simple detalle: esta declaración es profética.

En el contexto literal, se refiere a la tribulación que se aproximaba al pueblo des obediente, y a la recompensa y la liberación final de los justos, en los días de Judá.

La mañana para unos, y la noche para otros.

Pero, como en la mayoría de las profecías hechas a Israel, el cumplimiento total se proyecta hacia el final de la historia de este mundo, cuando la paja y el trigo serán colocados aparte, las ovejas y los cabritos serán separados, y las vírgenes prudentes y las insensatas cosecharán lo que sembraron.

¡La mañana viene! Querámoslo o no, aceptémoslo o no, estemos preparados o no.

La mañana gloriosa de la venida de Cristo se aproxima: Los índices de violencia de nuestros días lo anuncian; los cataclismos naturales, de una tierra herida por el ser humano, lo gritan a pulmón lleno; la incredulidad reinante del humanismo lo proclama.

La mañana viene, trayendo la gloria del Cristo victorioso, para recompensar a sus fieles.

Pero, después de la mañana viene la noche. También es inevitable. Llega trayendo, en sus alas, la destrucción de una raza rebelde.

Angustia, dolor y desesperación: el justo resultado de obras injustas, que realizaron hombres injustos.

Pero, lo que quiero destacar del versículo de hoy es la tierna invitación: “¡Volved, venid!” ¿Por qué volver?

Porque un día te fuiste; te apoderaste de la vida que pertenece a Dios y corriste, como un niño que aprendió a andar, detrás de lo que llamabas “libertad”.

¿Por qué venir? Porque estoy lejos, y debo acercarme al Trono de la misericordia mientras haya tiempo.

Esa decisión no la puedo dejar para mañana: no hay más tiempo que perder; la mañana está a las puertas. Y también la noche.

¿Dónde estás, en este exacto momento? ¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿Hacia dónde te diriges?

Este es un día para revisar tus caminos y volverte a tu Creador. No comiences las actividades de este día sin consagrarte al Señor, porque

el guarda respondió: La mañana viene, y después la noche; preguntad si queréis, preguntad; volved, venid”. Isaías 21:12.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 18 de Septiembre del 2011.

SOBERBIA
Pero acontecerá que después que el Señor haya acabado toda su obra en el monte de Sión y en Jerusalén, castigará el fruto de la soberbia del corazón del rey de Asiria, y la gloria de la altivez de sus ojos. Isaías 10:12.

El versículo de hoy es una declaración profética.

Tiene que ver con la restauración final de los hijos de Dios y con la destrucción completa del enemigo simbolizadas, en este texto, por el rey de Asiria.

Hay dos características, en el carácter del rey de Asiria, que Dios desaprueba.

Todas las acciones despiadadas y pecaminosas que él realizó fueron fruto de estas dos características: la soberbia de su corazón y la altivez de sus ojos.

Percibe que el pecado siempre comienza en el corazón. Pero, lo que el rey de Asiria tiene no es nada “moralmente malo”.

En otras palabras, nadie va a la cárcel por acariciar la soberbia; ninguna iglesia reprendería a un miembro por anidar este sentimiento.

Primero, porque no se ve; está en el corazón, protegido por las cuatro paredes de las intenciones escondidas.

Pero, en segundo lugar, porque la soberbia no “le hace mal a nadie”. ¿No es así como pensamos?

El adulterio, el robo, la drogadicción, la prostitución, esos sí que son “pecados condenados”. Pero, Dios afirma que todo eso es fruto de la soberbia, acariciada en el corazón.

La soberbia es la alocada idea de que puedes vivir sin Dios: tú eres tu propio dios; nadie tiene que decirte lo que debes o no debes hacer; tú eres el dueño de tu vida.

El tiempo, sin embargo, se encarga de demostrarte que esa loca idea te hace descender a las profundidades más oscuras del comportamiento humano.

La segunda característica que Dios reprueba es la altivez de los ojos.

Esta es la segunda etapa de la soberbia: primero piensas, no te atreves a decirlo; crees que eres el mejor, pero te lo guardas solo para ti.

Los días pasan, y la repetición constante de un mismo pensamiento te lleva, finalmente, a la acción: tus ojos empiezan a revelar lo que tu corazón abriga.

Te atreves a decirlo y a luchar, con tus propias armas, para alcanzar lo que tu corazón anhela.

Esa fue la tragedia de Lucifer; así comenzó el pecado en el cielo. Y esa, también, puede ser nuestra tragedia hoy, si no buscamos a Dios y nos sometemos a él.

Haz de este un día de humildad. Ríndete a Jesús, entrégale tus planes, colócate en sus manos. Y recuerda la advertencia;

pero acontecerá que después que el Señor haya acabado toda su obra en el monte de Sión y en Jerusalén, castigará el fruto de la soberbia del corazón del rey de Asiria, y la gloria de la altivez de sus ojos”.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo
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