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Matutina del 18 de Mayo del 2011

MISERICORDIA Y GRACIA
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4:16.

Tendría seis o siete años cuando un equipo profesional de fútbol llegó a mi ciudad. Los jugadores famosos de aquella época caminaban por las calles céntricas. 

Todos los niños se acercaban a pedir autógrafos. Las máquinas fotográficas no eran tan comunes como hoy, y el fotógrafo de la ciudad estaba haciendo una fiesta particular. 

Yo, curioso como cualquier niño, caminaba al lado de la multitud; pero tímido, como siempre, no me atrevía a acercarme a jugadores tan famosos, a los que conocía solo por la radio y los periódicos.

De repente un jugador moreno, bajito, llamado Vides Mosquera, me llamó. Yo miré a todos lados; ¡no podría llamarme a mí! 

Él no me conocía, y yo era apenas un niño en medio de la multitud. Pero era verdad: ¡me estaba llamando a mí! Jamás me olvidé de él, y siempre acompañé su trayectoria, aunque jamás jugó por el equipo de mi preferencia.

Distancias aparte, hoy pienso en el Trono de Dios, el Rey del universo. ¿Cómo acercarnos al Señor, si no somos más que pobres pecadores? 

No lo merecemos; no somos dignos. Todos estamos destituidos de su gloria y condenados a muerte eterna. No hay justo ni siquiera uno; no hay quien haga el bien. No; de hecho, no tenemos ningún derecho.

Pero, el versículo de hoy afirma que podemos ir confiadamente a él. ¿Por qué? Hay dos motivos: su misericordia y su gracia. 

Por su misericordia, Dios no nos da lo que merecemos, que es la muerte; y por su gracia, nos da lo que no merecemos, que es la vida.

Alcanzar misericordia y hallar gracia. ¿Dónde? Junto al Trono del Señor. ¿Para qué? Para el oportuno socorro. ¡Ah! cómo necesitamos de auxilio y socorro. 

Hay momentos en la vida en que te sientes tan lejos de Dios; como si él te hubiese abandonado. Lo necesitas tanto; pero te sientes tan distante, y piensas que todo está perdido.

En momentos como esos, acuérdate de la promesa de hoy. Nada tienes que temer. Confía en el amor maravilloso de Dios, a pesar de tus deslices; a despecho de tus incoherencias. 

Dios te ama, y el Señor Jesús pagó el precio de tus rebeldías en la cruz del Calvario.

Por eso, hoy, sal de tu hogar sin temor, recordando el consejo bíblico: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Hebreos 4:16.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 17 de Mayo del 2011

MI GOZO
Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido”. Juan 15:10, 11.

La promesa de Dios para hoy es: “Que mi gozo esté en vosotros”.

¿Cuándo estará el gozo de Jesús en nosotros? Cuando lo obedezcamos. Así de simple, sin complicaciones.

Pero, mira cómo son las cosas, muchos piensan que los Mandamientos del Señor están allí para crearnos problemas; para quitarnos la libertad; para ser un fardo horrible de cargar.

Pero Jesús viene, y dice que están allí para traernos gozo. Explica que la obediencia a esos Mandamientos hace que nuestro gozo sea cumplido. ¿No es extraordinario?

Pero, veamos por qué la obediencia produce gozo.

Es que el ser humano fue creado, originalmente, para obedecer. Su naturaleza original, en la Creación, era obediente. Es verdad que, después de la entrada del pecado, la humanidad adquirió la naturaleza pecaminosa desobediente.

Pero, la desobediencia es una experiencia intrusa; es fruto de la entrada del pecado. En el fondo, el ser humano se deleita en hacer la voluntad de Dios, es decir, obedecer le produce gozo.

Aunque la naturaleza pecaminosa te lleva por los caminos de la desobediencia y, de alguna manera, te proporciona placer, te trae, al mismo tiempo, el peso de la culpa; el fardo atormentador de saberte rebelde; el instinto de muerte que el pecado lleva consigo.

Si el hombre supiese eso, hasta por un motivo egoísta de ser feliz trataría de obedecer.

Claro que quien ha nacido del Espíritu no obedece con el objeto de obtener gozo; obedece porque ama a Dios y reconoce su soberanía. Pero, el resultado, el fruto de eso, es una vida feliz.

Haz de este día un día de obediencia.

Aunque algunos principios de la Palabra de Dios te parezcan anticuados, pasados de moda; aunque las personas a tu alrededor no te comprendan o se rían de tu respeto por las advertencias divinas, continúa adelante, sabiendo que el Señor desea, para ti, una vida feliz y victoriosa, ¡y para eso te dejó sus Mandamientos!

Empieza tus deberes, hoy. Pero medita una vez más en las palabras de Jesús: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo
sea cumplido
”.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 16 de Mayo del 2011

¿ME AMAS?
Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro... le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apaciénta mis ovejas. Juan 21:17.

Fue a la orilla del mar, mientras el sol se levantaba en el horizonte, entre el ruido de las olas y el canto de las gaviotas, que el Señor preguntó a Pedro si lo amaba. Tres veces. 

Parecía no entender la respuesta de Pedro; como si de pronto las palabras no fueran suficientes para dar a entender lo que el discípulo deseaba explicar.

Había sido esta una pregunta simple, y por más que Pedro buscaba ser simple en su respuesta, el Maestro de las cosas simples insistía una y otra vez.

De pronto Pedro entendió que la respuesta que el Maestro esperaba no era solo una declaración teórica de amor.

Las palabras, por más que describan los paisajes y los sentimientos más bellos, son incapaces de comunicar lo que solamente el corazón puede expresar en una mirada, tal vez, o en una sonrisa. No sé.

Jesús estaba hablando a Pedro de lealtad. La lealtad es un valor humano, fruto del amor. A través de la historia, el hombre ha sido capaz de actos de heroísmo por lealtad hacia su país, a sus compañeros, a sus amigos o a su familia.

La lealtad se relaciona con el honor y la confianza, virtudes que son difíciles de ganar y fáciles de perder. Pero, el discípulo había fallado la prueba de la lealtad.

A veces, es más fácil morir por Jesús que vivir por él. El Señor no había pedido a sus discípulos que murieran por él; era Jesús quien moriría por ellos.

El Maestro deseaba que ellos vivieran por él y para él. Y desdichadamente, Pedro falló.

Todos los días y en todos los lugares, somos llamados a presentar el carácter de Jesús delante de los hombres. El mayor acto de lealtad que el Señor espera de ti es una vida digna de su nombre.

No es fácil, cuando las personas se ríen de tus valores en la universidad, en la calle o en el lugar de trabajo.

Es difícil ser honesto, cuando la honestidad parece haber pasado de moda. No es fácil ser puro, en un tiempo en que la pureza parece ser una pieza de museo de la Edad Media.

Tal vez por eso, hay gente que prefiere aislarse del mundo para entregarse a Dios. Pero, él quiere que tu entrega diaria a él sea tu testimonio, en medio de un mundo contaminado por el existencialismo, desprovisto de sustancia.

Haz de este día un día de testificación personal. Responde a Jesús que tú lo amas y que, por amor a él, estás dispuesto a vivir los principios de sus enseñanzas.

¡Ah! Y recuerda que Jesús “le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: sí, Señor; tú sabes que te amo”. Juan 21:17.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 15 de Mayo del 2011

NO TEMAS DEL HOMBRE
Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno? Isaías 51:12.

Mientras vivas en este mundo, los enemigos aparecerán todos los días, intentando traer dolor a tu corazón.

Los encontrarás en el vecindario, en el lugar de trabajo y hasta en medio de la familia.

Pero, también pueden ser una circunstancia difícil, una enfermedad, un momento de adversidad, en fin...

El consejo divino de hoy es una palabra de advertencia: no temas al enemigo, míralo de frente, a los ojos; no huyas, no corras, no te escondas.

Hay dos motivos para proceder de este modo. El primero es que Dios es tu consolador.

La palabra consolador, aquí, no se refiere únicamente al que ofrece palabras de ánimo sino, más bien, al que da fuerza para enfrentar a las personas y las circunstancias, a pesar de cuán poderosas puedan ser o parecer.

La otra razón para no temer al enemigo es que “el hombre es mortal y el hijo del hombre como el heno”. El heno es paja seca que lleva el viento: no tiene sustancia, ni contenido; solo apariencia.

Si te pones a pensar, la mayoría de las personas, las cosas o las situaciones que a veces te amedrentan solo parecen temibles. Tu imaginación es la que hace, de ellas, amenazas terribles.

Son como los espantapájaros, con apariencia de feos y malos pero, si te aproximas a ellos, verás que son incapaces de hacerte algún mal.

El Dios maravilloso que te hizo esta promesa no conoce de derrota, y jamás ha fallado con aquellos que han depositado su confianza en él.

Decirte que no hay nada amenazador delante de ti, que no existen dificultades o desafíos, sería negar la realidad. ¡Claro que los hay! Siempre los hubo, y los seguirá habiendo.

Pero, si tienes presente que a tu lado está el Señor, enfrentarás la lucha con la certidumbre de que tu enemigo ya es un enemigo vencido. Haga lo que haga en contra de ti, no es más que paja seca, que el viento lleva.

Sal hoy, rumbo a la batalla del día, seguro de la victoria. Coloca tus temores en las manos de Dios. No huyas.

Ningún peligro tiene el derecho de asustar al hijo de Dios. Y recuerda la promesa del Señor: “Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno?”. Isaías 51:12.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 14de Mayo del 2011

ACABA LA CARRERA
Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Hechos 20:24.

Aquel 31 de diciembre parecía una feria dominical de los pueblos de interior; no obstante, el escenario era el centro de una de las ciudades más grandes del mundo.

Gente, mucha gente. Un grupo interminable de atletas, que partían como si fuese el éxodo judío. Miles, vestidos de todos los colores: rojo, azul, amarillo, violeta, en fin.

En los ojos, un denominador común: el deseo de llegar a la meta. Se estaba dando inicio a la maratón de San Silvestre, en la Rep. del Brasil.

Entre los miles de atletas, profesionales y aficionados que partían, había un hombre de sesenta años. Cabellos emblanquecidos por el tiempo, arrugas prominentes y mirada de león hambriento.

Parecía una fiera vieja, observando a las gacelas que jamás alcanzaría.

Ricardo Fonseca pasará a la historia no como el campeón de resistencia en la carrera de quince kilómetros por las calles del centro de San Pablo, sino como el campeón de insistencia y de perseverancia.

Llegó en último lugar, cuatro horas atrás del campeón. Pero llegó. Arrastrando los pies, extenuado, sin importarle el tiempo ni la posición de su llegada.

Su única preocupación, dijo al final, era llegar, completar la carrera. “Nunca dejé nada a medio hacer”, dijo sonriendo, “Aprendí, de niño, que no existe peor derrota que la carrera que no se acaba”.

Daba la impresión de repetir el versículo de hoy, en otra versión. Cientos de años atrás, Pablo había expresado que lo único que le interesaba, aun arriesgando su vida, era “terminar la carrera”.

Hay mucha gente fracasada porque empieza un trabajo y no lo termina. Se desanima. Calcula que no llegará primero, y abandona la carrera.

Su sendero está encarpetado de maravillosas disculpas. De tanto inventarlas, pasa a creer que son verdaderas. Campeones de la explicación. Jamás llegan; ni en último lugar. Simplemente, no llegan.

Haz de este un día de llegada. Termina lo que empezaste. No abandones la carrera; ve hasta el fin. Di, como Pablo: “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 13 de Mayo del 2011

OBEDIENCIA
El pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos y a su voz obedeceremos. Josué 24:24.

La palabra “obediencia” no encaja mucho en la mente de los jóvenes. De una manera u otra, la relacionan con falta de libertad.

Pero, lo que más desea el joven es ser libre, vivir sin cercas ni rejas, ni prohibiciones ni nada parecido.

Por lo tanto, la obediencia parece no formar parte de un diccionario moderno.

Estoy hablando de la obediencia a Dios porque, cuando se trata de obedecer a los hombres, nadie duda en someterse a las reglas.

Desde el deportista que, en el campo, debe obedecer las reglas del juego, pasando por los conductores, que necesitan someterse a las reglas del tránsito, y acabando con el lugar de trabajo, en el cual existe un horario de entrada, otro de salida, y es necesario respetar las reglas de la empresa.

Pero, cuando se trata de Dios, las cosas cambian. “Soy libre”, parece ser el grito desesperado del joven de nuestros días; “Nadie tiene que decirme lo que debo hacer o no hacer”; “Cada uno sabe lo que es bueno”.

Sin embargo, en el mundo espiritual las cosas no son diferentes del campo de deportes o del trabajo: la organización y la obediencia son parte del orden, y Dios es un Dios de orden.

En el momento de la Creación, el Espíritu se movía sobre la tierra, desordenada y vacía. Su propósito era colocar la tierra en orden.

Esto muestra que tú saliste de las manos de un Dios de orden, y jamás podrás ser completo y feliz si no regresas al orden. La obediencia es parte del orden.

En tiempos de Josué, el pueblo se encontraba ante el enorme desafío de conquistar la Tierra Prometida. Aquella tierra era el glorioso destino al cual Dios quería conducir a su pueblo; con ese propósito lo había liberado de la esclavitud de Egipto.

Pero, Dios sabía que, sin orden, nadie llega a ningún lugar. Por eso, Josué desafió a su pueblo al orden y a la obediencia, y su respuesta fue unánime y positiva.

¿Cuál es el desafío de tu vida? ¿Cuáles son tus sueños? ¿Adónde quieres llegar? Piensa en la experiencia de Israel, frente al reto de Josué.

Tu esfuerzo y tu trabajo serán inútiles si no te organizaras, y si no abres la Palabra de Dios con el corazón dispuesto a obedecer los consejos divinos.

Tu Padre conoce el camino mejor que tú. Obedécelo, colócate en sus manos y déjate conducir por él. Y hoy, antes de correr en pos de tus sueños, recuerda: “El pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos y a su voz obedeceremos”. Josué 24:24.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 12 de Mayo del 2011

DAME ENTENDIMIENTO
Dame entendimiento, guardaré tu ley y la cumpliré de todo corazón. Salmo 119:34.

¿Crees que, para ser libre y feliz, debes quebrar todos los tabúes? Depende de lo que llames tabú.

Lindomar, por ejemplo, piensa que llegar virgen al matrimonio es un tabú; que eso funcionaba en el siglo pasado, pero que ahora el mundo ha cambiado, y “todos lo hacen”.

Pero, la pureza está entre los diez principios eternos, establecidos por Dios para la felicidad del ser humano.

Y, si el propósito de esos principios es la felicidad, es imposible ser feliz quebrándolos o echándolos a un lado, como si fuesen algo sin importancia.

El texto de hoy expresa el clamor del salmista en busca de entendimiento. La Palabra “entendimiento” puede ser traducida también como sabiduría.

Sabiduría es diferente de conocimiento: el conocimiento es solo el almacenamiento de conceptos y datos, pero la sabiduría es el empleo adecuado de estos.

Existe mucha gente que sabe mucho, pero ignora la manera de usar ese conocimiento provechosamente.

El versículo de hoy enseña que la manera sabia de vivir es respetando y practicando los consejos divinos, expresados en los principios eternos de su Palabra.

Seguir esos principios no siempre es fácil, porque vivimos en un tiempo en que Dios no pasa de ser un simple detalle; un ser despersonalizado, una energía creadora y nada más.

El hombre moderno toma los principios divinos y racionaliza en torno de ellos; filosofa, los interpreta a su manera, discute, argumenta... en fin, hace cualquier cosa, menos obedecerlos.

El resultado es el desvarío loco y alucinado de su corazón. 

Corre de un lado para otro en busca de sosiego, y no lo encuentra; se hunde en las profundidades más oscuras de sus instintos, en busca de un sentido para la vida, y solo encuentra confusión y oquedad.

Pero, se resiste a volver los ojos a Dios y a los eternos principios de su Palabra.

Haz de este día un día de sabiduría. Nadie perdió jamás por oír los consejos divinos. Nunca alguna persona terminó en caminos de muerte y de locura por andar en la senda mostrada por el Señor.

Aunque te parezca ridículo, aunque tus amigos se rían de ti, aunque tus compañeros se burlen o digan que eres anticuado, sigue los principios eternos, y serás sabio y feliz.

No salgas a enfrentar los desafíos de hoy sin recordar la oración del salmista: “Dame entendimiento, guardaré tu ley y la cumpliré de todo corazón”. Salmo 119:34.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 11 de Mayo del 2011

EL CIMIENTO DE TU TRONO
Justicia y derecho son el cimiento de tu trono; misericordia y verdad van delante de tu rostro.  Salmo 89:14.

¿Te siente triste, solo y abandonado? ¿Crees que, porque caíste, el amor de Dios te abandonó y estás a merced de su justicia?

Entonces, piensa acerca del versículo de hoy.

La justicia, la verdad y la misericordia de Dios son la esencia de su propio ser y el fundamento de todas sus acciones.

La Biblia afirma este concepto una y otra vez. En Dios, los tres atributos se funden; son uno, no existe división.

A los seres humanos nos resulta difícil entender esto porque, después de la entrada del pecado, nuestra naturaleza trae la división como parte de su estructura.

Dividimos nuestro ser, nuestros sentimientos, nuestras intenciones; y, en consecuencia, dividimos el hogar, los valores y los principios, y los conceptos.

Al pensar en la cruz del Calvario, por ejemplo, cuántas veces decimos que allí se expresó el amor de Dios, para aplacar su justicia; pero, en Dios, su justicia y su misericordia jamás estuvieron una en contra de la otra.

Todos sus actos estuvieron motivados por su amor, por su misericordia y por su verdad.

Pensemos en la primera escena dolorosa de este mundo, cuando Adán y Eva tuvieron que abandonar el Jardín del Edén por causa de su pecado. ¿Era la justicia de Dios la que demandaba que el ser humano abandonase el Jardín?

Sí; pero era su misericordia, también. Permitir que el hombre caído continuase comiendo del árbol de la vida sería perpetuar el pecado, y entonces el ser humano viviría eternamente la tragedia del dolor y de la muerte.

Por lo tanto, en aquel momento crucial y a lo largo de la historia, el amor, la
verdad y la misericordia divinas siempre actuaron juntas.

Inútilmente, algunos cristianos sinceros pretenden mostrar al Dios del Antiguo Testamento como el Dios de la justicia y, al del Nuevo Testamento, como el Dios del amor.

¿Qué tipo de Dios sería ese, que alterase su manera de ser? Dios es eterno, y en él no existe mudanza ni sombra de variación. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

Sal esta mañana, a cumplir tus deberes, seguro de que caminarás a la luz de la verdad, amparado por la justicia del Padre y protegido por su misericordia, porque “justicia y derecho son el cimiento de tu trono; misericordia y verdad van delante de tu rostro”. Salmo 89:14.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 10 de Mayo del 2011

SANTIDAD
Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. 2 Corintios 7:1.

¿A qué promesas se refiere el apóstol Pablo? Él dice que esas promesas deberían motivarnos a vivir una vida limpia, y a crecer en la experiencia de la santidad.

Pero, ¿de qué promesas habla?

Para saberlo, es necesario leer el capítulo anterior. Allí, entre otras cosas, Pablo habla del amor maravilloso de Dios hacia sus hijos; después, en el capítulo 7, empieza diciendo que estas promesas deberían motivarnos a crecer en la santidad.

El resumen del discurso de Pablo es el amor. Sin amor, no existe vida cristiana. El cumplimiento de los Mandamientos, sin amor, es apenas una vida de moralismo vacío y sin sentido. 

Para Pablo, el amor es la motivación para la santidad. Crecemos en santidad porque amamos al Señor; y lo amamos porque él nos amó primero.

La palabra “santo”, en griego, significa, “separado para un propósito especial”. Somos santos cuando entendemos que vivimos en este mundo, pero no somos de este mundo; cuando entendemos que somos humanos, como cualquier persona, pero tenemos un propósito especial en la vida.

Al entender esto, nos damos cuenta de cuánto nos ama el Señor, y de que el único camino es retribuir ese amor.

¿Cómo lo hacemos? Creciendo cada día en el camino de la santidad; es decir, entendiendo y viviendo cada día de acuerdo con el elevado propósito que Dios tiene para nosotros.

Jamás pierdas de vista ese propósito. Es verdad que vives en medio de seres humanos que corren solo detrás de sus intereses humanos, sin prestar importancia a los valores del espíritu.

Pero tú no eres un ser humano más, tú eres el sueño de Dios.

Puede ser que las cosas, a tu alrededor, no anden como te gustaría que anduvieran. De repente, nada te sale bien, por más que te esfuerzas; pero no te desanimes.

Si colocas tu vida en las manos de Dios, todo es cuestión de tiempo; ten paciencia. El maravilloso plan de Dios, respecto de ti, se cumplirá más tarde o más temprano. El Señor Jesús está a tu lado, dispuesto a conducirte a tu glorioso destino. 

Y te ha prometido su poder y su amor a lo largo del camino. Entonces: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. 2 Corintios 7:1


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 9 de Mayo del 2011

AÚN REBOSARÁN
Clama aún, diciendo: así dice Jehová de los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, y escogerá todavía a Jerusalén. Zacarías 1:17.

Nada está perdido para los que se vuelven a Dios. Aunque las cosas no anden bien en tu vida, como consecuencia de tus errores, si te entregas a Dios con sinceridad de corazón, sus promesas continúan válidas.

Era eso lo que sucedía con el pueblo de Israel, en los tiempos de Zacarías. Habían abandonado al Señor.

Habían tomado el control de su vida en las propias manos; creyeron que no necesitaban de Dios, que él les restringía la libertad. Y decidieron vivir solos, como si Dios no existiese.

Lo que me impresiona del amor divino es que los dejó ir. El precio del amor es la libertad. Es lamentable que, para entender esto, muchas veces es necesario llegar a la tierra de la esclavitud.

Ahora, Israel sufría las consecuencias de sus decisiones equivocadas. Había permanecido mucho tiempo en el exilio babilónico; Jerusalén estaba destruida, sus campos, otrora floridos y productivos, estaban abandonados y sin vida.

Pero, en medio de la humillación y el sufrimiento, los hijos de Israel se acordaron de Dios, se arrepintieron, y clamaron al Dios eterno que los había sacado de la tierra de Egipto y los había conducido, milagrosamente, hacia la tierra de la libertad.

Y Dios escuchó su clamor. Un remanente volvió del exilio, y el Señor levantó al profeta Zacarías para decirles que, a pesar de todo lo que habían hecho y a despecho de cómo ellos habían pretendido arruinar el plan de Dios, sus promesas continuaban válidas.

Jerusalén todavía sería la gran capital de la fe, y en sus tierras correrían los hijos de Israel, conforme al plan original de Dios.

Imagino cómo debió haberse sentido el enemigo, al comprobar que, pese a todo lo que hiciera con el objetivo de que las promesas divinas jamás se cumplieran, el plan de Dios continuaba en pie.

Pero, lo bueno es que esas promesas son también para ti. Si, por algún motivo, desaprovechaste el pasado o lo usaste para causarte dolor y destrucción, vuelve los ojos a Dios, en arrepentimiento, y escucha la voz del Señor:

Clama aún, diciendo: así dice Jehová de los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, y escogerá todavía a Jerusalén”. Zacarías 1:17


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 8 de Mayo del 2011

LLORO EN GOZO
Y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. Jeremías 31:13.

La noche dura solo doce horas. En la peor de las hipótesis, catorce; o veinte, en las tierras polares. 

Pero, no importa su extensión, el día viene. Es una ley de la vida. No existe noche sin día.

En esta vida, todo acaba: acaban las cosas buenas, los momentos felices desaparecen, la juventud se va, la primavera se hace invierno... en fin. 

Pero, si es verdad que las cosas buenas acaban, también acaban las cosas malas. La promesa que Dios presenta en el versículo de hoy es, justamente, acerca del fin de las cosas malas. 

El dolor, la tristeza y las lágrimas llegarán a su término. En esta tierra, parcialmente; pero, cuando Jesús vuelva, colocará un punto final a la historia del pecado. Y, consecuentemente, las lágrimas y el dolor desaparecerán para siempre.

Pero, mientras vivas en este mundo, no estarás ajeno al dolor y al sufrimiento. Cuando menos lo esperes; cuando piensas que tu sol brilla esplendoroso y tu cielo está más azul que nunca, puede aparecer la tormenta. 

No te asustes. El dolor es la ley de este mundo de pecado. A pesar de eso, no te concentres en el dolor, sino en la promesa que Dios te hace. 

El enemigo puede traer dolor a tu vida hoy y mañana, pero vendrá el tercer día, en que el enemigo tendrá que batirse en retirada.

Así fue con Jesús. Aquel viernes de tarde, cuando el Salvador expiró en la cruz del Calvario, el enemigo pensó que había vencido. 

Todo el plan de salvación parecía haberse desmoronado. El sábado, mientras Jesús reposaba en la tumba, el enemigo continuó celebrando su aparente victoria; pero, al tercer día, la muerte tuvo que dar lugar a la vida. 

Las entrañas de la tierra se abrieron, y el Señor Jesús resucitó victorioso. Y, con su resurrección, nos enseñó la lección más extraordinaria para enfrentar el dolor: 

siempre hay un tercer tiempo, en que la noche tendrá que dar lugar al día; en que el invierno se esconderá de la primavera.

¿Estás viviendo el invierno crudo de tu vida? ¿Sientes que no tienes más fuerzas para resistir? No te desesperes: 

Dios nunca permitirá que llegue a tu vida una prueba que no puedas soportar. Cuando la noche parezca más oscura es cuando, de un momento a otro, el sol del nuevo día despuntará en el horizonte.

Por eso, hoy, a pesar de las nubes negras que puedan oscurecer tu día, parte para enfrentar los desafíos de la vida seguro de la promesa divina: “Y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor”. Jeremías 31:13.



Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 7 de Mayo del 2011

NO ALCANZARON
Porque Dios tenía reservado algo mejor para nosotros, para que no fueran ellos perfeccionados aparte de nosotros. Hebreos 11:40.

La señora que arreglaba esta mañana mi cuarto del hotel es una emigrante, que llegó a los Estados Unidos cruzando el río.

Era apenas una niña de diez años cuando, un día, sus padres decidieron trasladarse a ese país, en busca de un “futuro mejor”.

¿Futuro mejor?
–Mire, señor –me dijo–, este es el “futuro mejor” que logré: ser una simple mucama.

Sus manos, llenas de callos; su rostro, surcado por arrugas profundas que la vida le abrió; su sonrisa nostálgica, adormecida en algún momento de su triste historia, describían el dolor y el sufrimiento que las circunstancias le habían impuesto.

Me quedé pensando mucho tiempo en su historia, y salí a caminar. Me había propuesto andar cinco kilómetros. Y, aunque había mucha naturaleza a lo largo de mi camino, la historia de la mucama seguía molestándome.

Como si fuese mi propia historia; como si yo también, un día, hubiese “cruzado el río” buscando un futuro mejor.

A fin de cuentas, ¿no es lo que todos buscamos? ¡Un futuro mejor! ¿Lo alcanzaste? O tú también, como aquella señora, miras a tu presente y piensas que no valió la pena haber “cruzado el río”.

Lo que me intriga es el hecho de que esa buena señora llega al trabajo en su propio auto, vive en casa propia, no tiene necesidad de pagar alquiler, y sus hijos estudian en la universidad del Estado.

Quiere decir, de alguna manera, que su situación ha mejorado; si hubiese permanecido en su país, no tendría las cosas que ha logrado aquí.

Con trabajo, es verdad; enfrentando las dificultades de una vida dura, sin duda. Pero, ha logrado cambiar el destino de su familia, porque la próxima generación, con toda seguridad, no padecerá más las privaciones que ella tuvo cuando era niña.

Pero, ella no es feliz. Su corazón continúa vacío, y llora la angustia de buscar y buscar, sin encontrar.

La razón es que ella limita el “futuro mejor” a cosas y comodidad material. Lo que ella no sabe es que podrá conseguir todos los bienes del mundo y continuará vacía, porque el futuro mejor no está limitado a las tristes fronteras de esta tierra.

Nacimos para volar y, mientras vivamos escarbando la tierra en busca de oro, jamás descubriremos las bellezas del cielo azul y del espacio infinito.

Vuelve los ojos a Dios. Lo que realmente vale no está en esta tierra, “porque Dios tiene reservado algo mejor para ti”. Hebreos 11:40


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 6 de Mayo del 2011

COMO UNA MADRE
Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo. Isaías 66:13.

Todavía es temprano. Del lado de afuera veo un árbol que empieza a florecer, anunciando que el invierno se va.

Al fondo, hay unos pinos tiernos, bañados de rocío; parecen llorar. Las gotas depositadas en sus ramas caen,como lágrimas de una naturaleza con nostalgia del sol. 

De todos modos, nada es perfecto: un sol esplendoroso que brille esta mañana completaría la belleza del paisaje. Pero vivimos en un mundo marcado por el dolor y la tristeza.

Hablando de tristeza, anoche me entregaron una carta. Es la historia de una madre que se enteró de que su hija, de apenas 16 años, estaba embarazada.

¿Qué hacer en esas circunstancias? Ella cerró los ojos, e imaginó el “escándalo” que eso significaría para la familia. Imaginó el futuro de la hija, cuyos sueños parecían desmoronarse; imaginó, también, el futuro de un niño sin padre.

Ella jamás había conocido a su padre, y eso le había dejado en el alma un vacío difícil de llenar. Asustada, veía repetirse la historia, y no soportó. En un momento de rabia y de desesperación, obligó a la hija a realizar un aborto.

Todo parecía resuelto pero, de repente, el fantasma de la culpa empezó a atormentarla de día y de noche.
 
Verdugos implacables la perseguían en sus noches de pesadilla, mientras ella corría con las manos ensangrentadas, atormentada por el grito de un niño sin rostro que le gritaba: “Abuela, no me mates, por favor”. Ella escribió, deseando la muerte.

Nada justifica lo que hiciste, llevada por la desesperación. El pecado es pecado justamente por eso: te hace creer que es la solución, pero te hunde en la arena movediza de tus tormentos interiores.

Pero, no quiero hablarte hoy de lo que hiciste o no hiciste. No quiero decirte que, cuando una vida surge en el vientre de una mujer, no es por causa del error de los seres humanos sino por la voluntad de Dios.

Y si él lo permitió es porque, aunque tú no lo entiendas, Dios tenía un plan maravilloso para esa vida. Lo que quiero decirte es: el Señor Jesús ya pagó el precio de tu culpa

Mereces lo peor por lo que hiciste, pero Jesús asumió tu culpa y pagó el precio con su vida. A ti solo te resta aceptar o rechazar.

Aceptar, porque el perdón no puede ser otorgado a nadie por la fuerza, o rechazar porque eres libre, incluso para decir no.

No salgas hoy de tu casa sin meditar en la promesa bíblica: “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo”. Isaías 66:13.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 5 de Mayo del 2011

ÉL OS DIO VIDA
Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados. Efesios 2:1.

Monte Olivo es una pequeña ciudad, en el interior del estado de Carolina del Norte. Una ciudad sin mucho atractivo, simple, llena de sembradíos de frijoles y tabaco.

Aquí hay una iglesia hispana, conformada mayormente por guatemaltecos; gente también simple, pero de un corazón del tamaño del mundo. 

El otro día, almorcé en la casa de uno de ellos, y me contó la historia de su conversión.

En aquella época, él ganaba trescientos dólares por semana, y con eso mantenía a la esposa y a los dos pequeños hijos; quiere decir, intentaba mantenerlos porque, además de ser una pequeña cantidad de dinero, lo gastaba todo con los amigos y la bebida.

Un domingo, llegó a casa al anochecer. Había recibido su pago el viernes de tarde, y se había puesto a beber con los amigos hasta el domingo. 

El lunes de mañana despertó para ir al trabajo: el cuerpo adolorido, el sabor amargo de la derrota en la boca, y la resaca sacudiéndole el alma. Al salir de casa, notó que los hijos y la esposa no tenían qué comer. 

La esposa simplemente lo miraba, y no decía nada; estaba ahí, en un rincón de la sala, como resignada ante esa triste situación. 

Los niños pequeños, observándolo asustados, como si mirasen a una persona extraña que nada tenía que ver con ellos.

–Pastor –me dijo el muchacho, con los ojos llenos de lágrimas, no pude resistir más. Sentí como un puñal clavado en mis carnes. ¿Qué estaba haciendo yo con esa mujer y con esos niños? 

Salí como un loco, corrí por las calles de la ciudad, entré en una iglesia y me entregué a Jesús. Ese día, llegué tarde al trabajo; pero, ese día, mi vida cambió definitivamente. Dios obró un milagro en mi vida.

Almorcé con esa linda familia. ¡Un hogar feliz! Los ojitos de los niños brillaban de emoción, miraban a su padre como si fuese un gran héroe; la esposa también lo miraba con ojos llenos de amor y de admiración. 

Y yo, a un lado de la mesa, sentía el corazón apretado al ver un milagro más, realizado por Jesús.

Después me fui, andando... pensando en la vida. Alcé los ojos al cielo, y me pareció ver el rostro de Jesús preguntándome: “¿Crees que valió la pena haber muerto en la cruz?”

Nada dije. Apenas sonreí, y continué andando. A lo largo de mi vida, he visto tantos milagros como este.

¿Qué puede hacer el ser humano frente a ese poder? Nada; a no ser someterse y aceptarlo. Por eso, hoy, antes de iniciar tus actividades diarias, recuerda que “él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”. Efesios 2:1


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 4 de Mayo del 2011

¿AMOR?
El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. 1 Juan 4:8.

Esta semana recibí la carta de una joven cristiana que mantiene una relación amorosa con un hombre casado.

Es una carta dolorosa; ella siente que lo ama, pero que ese amor la está destruyendo.

¿Qué podría decirle? ¿Que Dios está triste? ¡Claro que lo está!

Pero, la tristeza divina no nace únicamente del hecho de que ella esté transgrediendo un Mandamiento, sino de la realidad dolorosa de que ella no es feliz.

¿Sabes? El amor es algo que Dios te confió con la intención de que contemples las facetas desconocidas y lindas de la vida; para que te sientas viva, para que veas el mundo más lleno de colores y de melodías.

Porque el AMOR viene de Dios: “Dios es amor” declara Juan. Pero, cuando el amor es confundido con la pasión, se convierte en un motivo de infelicidad y te sumerge en el caos interior.

Pensemos más en la chica de la carta. Ella no se siente bien destruyendo a una familia ni hiriendo el corazón de Dios. Tanto es así que me escribe pidiendo ayuda.

Pero, no se da cuenta de que cayó en la red de un hombre casado, y está condenada a sufrir grandes decepciones y a perder el respeto por sí misma.

Porque, en esta vida, nadie es valorado si no se valora a sí mismo; y nadie puede ser feliz si no está en paz con Dios y consigo mismo.

¿Qué es lo que lleva a esta muchacha a conformarse viviendo un “amor” que no es tal? ¿Puede alguien como aquel “novio” no traicionarla a ella un día, como hoy está traicionando a la esposa? ¿Se puede confiar en un hombre así?

Ella manifiesta que comenzó esa relación porque tenía miedo de quedarse sola; pero ¿acaso relacionarse sentimentalmente con una persona casada no implica que ella continuará sola, compartiendo apenas los pocos momentos que le sobren a él?

Cuando la soledad te abruma o te entristece, y te hace sentir que hay algo de errado en ti, es inútil que te aferres de alguien que te va a usar como un objeto, haciéndote sentir aún más triste... y más sola.

Podría haber respondido esta carta diciendo a esa joven que ponga punto final a esa situación, porque esa no es la voluntad de Dios.

Pero sé que Dios no es un Dios egoísta, que solo está preocupado en que sus hijos lo obedezcan, sino que él es un padre amoroso, que desea su bienestar.

No continúes hiriéndote, solo por “miedo de sentirte sola”; a fin de cuentas, la soledad no es apenas una condición: es un estado de ánimo.

Viviendo sin Jesús, puedes sentirte sola, a pesar de tener la compañía de otra persona.



Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 3 de Mayo del 2011

CORAZÓN MENTIROSO
Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Jeremías 17:9.

Amanece en Martinsville, en el interior del estado de Virginia. No hay sol; mejor dicho, sí lo hay, pero yo no lo puedo ver porque una neblina pesada no me permite visualizarlo.

¿Cómo podría no haber sol? El sol siempre está allí, en el mismo lugar; no cambia nunca. Pero, a veces, el clima es ingrato.

Las condiciones atmosféricas parecen fieras atemorizantes: nubes negras, truenos y relámpagos envuelven la tierra; o una neblina densa, como la de hoy, lo deja todo sombrío.

Sentado frente a la computadora, miro a través de la ventana y, al contemplar el día triste y ceniciento, viene a mi mente el tema de este devocional.

Hay días así en la vida: te levantas, miras por la ventana del alma... y no ves a Dios. Pero, Dios está allí, en el mismo lugar; más cerca de lo que puedes imaginar.

Solo que las circunstancias son tan adversas que no puedes verlo. Y te sientes triste; con una tristeza que duele y se transforma en temor. Como si Dios te hubiese abandonado o no le prestara importancia a tu dolor.

¿Qué te puedo decir? Muchas veces, en mi vida, también hay días sin sol. Soy humano y, por más que busco a Dios, hay ocasiones en que me siento como andando en medio de la neblina.

Pero, yo sé que Dios está allí, solo que quisiera verlo y tocarlo. Eso es parte de nuestra humanidad, ¿sabes? Solo creemos en las cosas que nuestros ojos ven y que nuestras manos tocan.

Por eso, necesitas aprender a administrar tu humanidad; a convivir con ella sin darle mucho crédito cuando te hace pensar que estás solo.

En este momento, puede ser que tu vida esté envuelta en densa neblina. Tu humanidad puede hacerte sentir que Dios te abandonó. Pero, recuerda lo que un día advirtió Jeremías: “Engañoso es el corazón y perverso, ¿Quién lo entenderá?”.

Entonces, no le creas a tu corazón. ¡Cree en las promesas de Dios!

Cuando las cosas no salen como quieres; cuando todo te parece sombrío y el barco de tu vida parece naufragar, mira más allá de la tormenta.

Por encima de las nubes, no solo brilla el sol, sino también Dios controla el universo; y con toda seguridad está, también, en el control de tu vida.

Sal para la lucha de la vida hoy, pero recuerda: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”. Jeremías 17:9



Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 2 de Mayo del 2011

QUE ELLOS VEAN
Haz conmigo señal para bien, y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados; porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste. Salmo 86:17.

¿Qué señal? ¿De qué señal habla el salmista?  De la obra prodigiosa de Dios en favor de sus hijos; de la acción libertadora de su poder.

Porque, lamentablemente, vivimos en un mundo en que el enemigo se deleita en traer dolor a quienes temen al Señor.

Para eso se vale de instrumentos humanos: seres que no tienen en cuenta a Dios para nada; que se deleitan en hacer sufrir a los seguidores de Jesús.

Los puedes encontrar en todos los lugares: en el centro de trabajo, en el vecindario, en la escuela y, muchas veces, inclusive, en medio de la familia.

Es gente que, por ningún motivo, intenta perjudicarte, se coloca en contra de ti y te provoca. Personas que se alegran con tu desdicha y se entristecen con tus victorias.

¿Adónde van los hijos de Dios en esos momentos? David acudía a Dios, se escondía en los brazos del Padre eterno, y recibía de él ayuda y consuelo.

La palabra “ayuda”, en hebreo, denota el sentido de fuerza, cuando sientes que ya no tienes más fuerzas, y la palabra “consuelo” tiene la connotación de la madre que sopla la herida del hijo que llora de dolor.

¿No son dos figuras maravillosas? Dios jamás hará por ti lo que es necesario que tú hagas por ti mismo. Él te ayudará, te fortalecerá y, al mismo tiempo, te consolará. Y ¿cuál será el resultado?

Te levantarás para continuar la jornada; seguirás adelante aunque tus pies sangren y te duela el cuerpo; avanzarás, con la certidumbre de que no estás solo. Y todo eso se transformará en victoria.

Pero, el versículo de hoy indica que la victoria de los justos se transforma en afrenta, para los enemigos de Dios.

Las obras de victoria, en tu vida, son como marcas, cicatrices que hablan de una historia de lucha. En algún momento, el enemigo te hirió, te hizo sangrar; en algún momento estuviste a punto de desanimarte y abandonar el camino.

Pero, Dios te consoló, te ayudó, y llegaste victorioso al término de la experiencia.

Por eso, hoy, que tienes delante de ti los desafíos de un nuevo día, vuelve tus ojos a la promesa divina. El Señor jamás te prometió que en esta vida no enfrentarías el dolor, pero te aseguró que sus obras de victoria serían una realidad en tu vida. ¿No es maravilloso?

Entonces, di hoy al Ayudador: “Haz conmigo señal para bien, y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados; porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste”. Salmo 86:17


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 1 de Mayo del 2011

FRUTOS
Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 2 Pedro 1:8.

El viento soplaba, aquella tarde, vestido de brisa mansa, refrescando el inicio caliente del verano de Massachusetts. 

Acostado en una red, Paco veía la vida pasar. Y, aunque le gustaba la comodidad, se sentía “basura”.

Fue él quien usó la expresión, al describirme su vida antes de conocer a Jesús.

Nada existe peor que la improductividad. Te aniquila; te hace sentir nada. Hoja seca llevada por el viento; arena sin vida, en el desierto de una existencia vacía.

Paco había intentado muchas cosas. Nada le daba resultado. Últimamente, dejaba que la esposa trabajase sola, a fin de sustentar el deteriorado hogar, y los dos niños pequeños.

A él le incomodaba esa situación, pero había perdido cualquier motivación para seguir luchando.

El evangelio llegó a su vida cuando pensaba que todo estaba perdido y no existían ya más horizontes para él. Inesperadamente, sin quererlo ni buscarlo. Mal sabía él que Jesús lo estaba buscando hacía mucho tiempo.

Al conocer a Jesús y aceptarlo como su Salvador, empezó a sentir una fuerza interior desconocida. No provenía de él; llegaba desde lo alto, era divino.

Y aquel hombre fracasado y cansado de vivir, se transformó en un gigante con ganas de vencer.

El versículo de hoy explica lo que sucedió con Paco. El apóstol Pedro habla de frutos: “Si estas cosas están en vosotros no os dejarán estar ociosos ni sin fruto”, dice.

¿Qué cosas son las que deberían estar en ti, para que tu vida sea fructífera? Si lees los versículos anteriores, verás que allí se menciona la fe, como la fuente de todas las virtudes cristianas.

La fe no es algo que tú fabricas. No lo logras cerrando los ojos y concentrándote en algo que deseas que ocurra.

La fe es un regalo divino; la obtienes a medida que cultivas el compañerismo diario con Jesús.

En cierta ocasión, un hombre necesitado buscó a Jesús con una súplica: “Señor, aumenta mi fe”. Tú también puedes hacerlo, y el Señor te oirá.

No salgas hoy para enfrentar los desafíos que te esperan allá, afuera, sin tener la certidumbre de que Jesús no es solamente tu Dios, sino también tu mejor amigo y compañero en momentos tristes o felices.

Y recuerda: “Si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni sin fruto”. 2 Pedro 1:8.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 30 de abril del 2011

DADIVOSIDAD
Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por  necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 2 Corintios 9:7.

El amor de Dios para con el ser humano se expresó en el bendito acto de entregar, donar y sacrificar.

Lo dio todo; nada guardó para sí. Entregó su propia vida. Si tuviera que volver a hacerlo un millón de veces, no hubiese dudado en hacerlo.

Amaba al ser humano, y nada impediría rescatarlo. La dadivosidad divina es la expresión de su misericordia; es el lenguaje de su amor.

Dios no escribió su amor por ti con letras doradas, en un papel perfumado; lo escribió con sangre, en la cruz.

Cada vez que el ser humano da, está reflejando el amor de Cristo, que habita en su corazón. No es un deber del cristiano. Es la expresión de la paz interior; la alegría de saberse feliz.

Solo da quien ama; y solo ama el que fue alcanzado por el amor divino.

El llamado que Pablo hace, en el versículo de hoy, es el llamado a ingresar en el círculo del amor. El mundo perece por falta de amor.

Los hogares necesitan palabras y expresiones de amor. Hay corazones, cerca de ti, que son tierra desértica que necesita de una palabra de amor como si fuese una gota de agua.

Cada uno dé como propuso en su corazón, dice el apóstol. Es necesario proponerse: proponerse es determinar, tomar la decisión.

Crear conciencia de la necesidad y hacerlo. ¿Por qué? Porque, aunque hayamos conocido el evangelio, el corazón continúa siendo humano y egoísta.

Es preciso buscar a Dios y pedirle que nos dé un corazón capaz de amar, y de pensar que los otros también sufren y enfrentan dificultades, y que no somos el centro del universo.

Hoy es un día de muchos desafíos para ti. Asume como uno de ellos la dulce misión de amar y de ser feliz.

Por increíble que te parezca, cada vez que das eres bendecido con el maravilloso sentimiento de saber que aliviaste el dolor ajeno.

¡Y eso te hace feliz! Pensar en los demás hace un bien que no se puede comprar con dinero ni se puede recibir en la sala de un psicoanalista.

Enfrenta la lucha de este nuevo día recordando: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”. 2 Corintios 9:7.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo
Fuente: www.jesusesnuestrasolucion.org

Matutina del 29 de abril del 2011

EN JESÚS
"Arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias". Colosenses 2:7.

Jazmín se sentó sobre una enorme piedra, frente al mar, y suspiró. ¿Recuerdos robados de la vida? ¡Sí! Jazmín vivía de ellos; los disfrutaba.

Ella dirigía las escenas en sus sueños. En ese mundo suyo, nadie la hería ni la rechazaba, ni la hacía sentir inferior.

En ese universo que a diario construía, no había motivos para llorar. El frío del agua traída por una ola la hizo volver a la realidad.

Sacudió sus pies mojados. Miró a lo lejos, y sonrió. Allí todo era bello. ¿Cómo no creer en Dios, ante aquel cuadro fascinante que acuarela ninguna podría pintar?

Dentro de ella, sin embargo, no había belleza; solo el resentimiento y la amargura. Su corazón era un mar turbulento. ¡Contrastes de la vida!

Se quedó un buen rato contemplando el mar. Observó las olas salvajes, que golpeaban la roca bajo sus pies. Volvió a sonreír: aquellas ondas furiosas agredían inútilmente a la roca.

Ella, señora del mar, parecía mirarlas socarronamente, como si dijese: “¿Se cansaron ya de golpear?”

Jazmín entendió el mensaje. ¿Por qué las actitudes ajenas la herían tanto? Ella no era roca; era pobre arena del mar. Hoja seca, pluma arrancada, papel hecho pedazos.

El consejo bíblico de hoy es: “Arraigados y sobreedificados en Él”. ¿En quién?

En la Roca de los siglos, que resistió los vendavales de la injusticia humana, y murió perdonando a los que lo clavaban en la cruz.

En tus horas de dolor y de lágrimas, aparta los ojos de ti; de tus dolores, de las injusticias que las personas cometen contra ti, y dirigirlos a Jesús.

Agradécele por el dolor y por las circunstancias adversas, y verás que tu cielo se despeja.  Y entenderás que, por detrás de las nubes oscuras, había luna y las estrellas brillaban en todo su esplendor.

¿Qué cosas no andan bien en tu vida? ¿Qué desafíos te esperan afuera? ¿Qué te hicieron las personas?

No temas. Deposita tu confianza en Jesús, y parte sin temor, recordando el consejo bíblico: “Arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias”. Colosenses 2:7.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo
Fuente: www.jesusesnuestrasolucion.org

Matutina del 28 de abril del 2011

¡PRUEBAS, PRUEBAS!
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas. Santiago 1:2.

Hacía algunos meses que Maira olvidaba las cosas. Su mente retrocedía, acelerada, hacia algún lugar donde ella se escondía.

En ese extraño mundo, el olvido no tenía importancia; ni los recuerdos. Tampoco la alegría o la tristeza.

Aquel universo estaba construido de vacío. Ella andaba, aparentemente insensible, por los rincones de su propio universo.

Pero, la familia sufría. La tenían como referente. El esposo había fallecido varios años atrás, y ella era la matriarca. Verla en ese estado los dejaba como un día sin sol.

Fue en esas circunstancias que la hija mayor me buscó, con una pregunta: ¿Por qué Dios no la hace descansar? ¿Qué sentido tiene la vida, en ese estado?

¡Pruebas! Las encontramos todos los días. El versículo de hoy usa la expresión “diversas pruebas”.

El enemigo viene por todos los lados: es la pérdida del empleo; un divorcio doloroso; el descubrimiento de que el hijo está en las drogas; la traición del mejor amigo; las injusticias del trabajo, en fin...

Pero, Santiago dice que debes alegrarte cuando te veas atravesando el valle de las pruebas. ¿No es demasiado pedir?

En el original griego, la palabra “pruebas”, peirasmos, literalmente significa estado de lucha mental en el que te ves inclinado a separarte de Dios.

Tal vez, esto lo explique todo. Cuando el enemigo coloca pruebas en tu camino, su objetivo es separarte de Dios; hacerte creer que es el Señor quien te envía el dolor.

Si en ese momento te vuelves en contra de Dios, el enemigo ha logrado su objetivo. Pero, si en el instante de la prueba te vuelves hacia Dios, entiendes que el dolor puede constituir un instrumento de edificación.

Todo depende de la perspectiva de la realidad. El presente estado de cosas no es el fin; no juzgues las actitudes divinas cuando el trabajo aún no ha sido terminado.

Si tu visión del mundo es materialista, las pruebas son motivo de tristeza. Si es espiritual, serán motivo de agradecimiento y de gozo. Es en el fuego que el oro se refina. ¡Y tú eres oro!

Por eso hoy, a despecho de lo que puedas estar viviendo, levanta las manos al cielo y agradece. Después, parte confiado para enfrentar las dificultades de la vida.

Porque, “hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas”. Santiago 1:2.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo
Fuente: www.jesusesnuestrasolucion.org

Matutina del 27 de abril del 2011

FIDELIDAD
El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Lucas 16:10.

Nando despierta sudoroso. La noche le ha parecido interminable.

Los vidrios de la ventana están húmedos, como su cuerpo, y el recuerdo de sus sueños lo perturba.

Siempre le ocurre lo mismo. Últimamente, tiene la sensación de que las cosas no andan bien; su mundo interior se desintegra.

Trata de buscar la razón en el archivo de su memoria, y no encuentra un motivo lógico para sentirse de ese modo.

Pero, Nando conoce la razón. Intenta racionalizar su conducta; sin embargo, su inconsciente no acepta sus argumentos.

Viene informando un gasto que no realiza, y la empresa le paga por eso. Es una cantidad pequeña; nadie, jamás, descubrirá lo que hace.

Pero, a partir de aquel instante, siente que las cosas no se ajustan dentro de él.

El versículo de hoy habla de la fidelidad en las cosas pequeñas. Detalles diarios que nadie percibe; gotas insignificantes que caen de la canilla mal cerrada y que, a fin de mes, elevan la cuenta a una cifra escandalosa.

No te cuides solamente de los grandes errores. La vida está compuesta de detalles. Son las partículas que componen la materia; diminutas células que mantienen el cuerpo vivo.

Al final de la historia, muchos entenderán que corrieron la carrera equivocada. Se cuidaron de las fieras gigantescas, y permitieron que bacterias insignificantes invadiesen su cuerpo.

Las pequeñas victorias te preparan para las grandes conquistas; las insignificantes derrotas son la sábana que envuelve el cadáver del gigante vencido. Lo dijo el propio Señor Jesús.

Pide a Dios que te ayude a ser fiel en los detalles diarios.

Apaga la luz que no usas; guarda la tinta que sobró; cambia la lámpara intermitente; cierra la puerta; arregla el techo que gotea... en fin. Abre los ojos a las cosas pequeñas, y espera la victoria en lo trascendental.

Haz de este día una jornada especial de detalles. Dale importancia a lo común. Acaricia a las personas amadas, saluda al vecino, arregla la posición del florero, ordena tu escritorio...

Porque, "el que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto". Lucas 16:10.



Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo
Fuente: www.jesusesnuestrasolucion.org
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