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Matutina del 26 de Junio del 2011

EL AMOR
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece. 1 Corintios 13:4.

Intentemos definir el amor. Digo “intentemos” porque, si Dios es amor, definir el amor será tan difícil como lo es definir a Dios.

La palabra imposible encuadraría mejor.

Lo que me impresiona de las enseñanzas bíblicas es que los escritores no enfatizan definiciones y conceptos; eso sería caer en el terreno peligroso de la teoría desprovista de practicidad.

El énfasis de los escritores sagrados está en la aplicación de los conceptos teóricos.

Por eso, en la Biblia resulta difícil encontrar una definición teórica del amor; más bien, encontramos la descripción del amor en la vida práctica.

Esa descripción está registrada en el versículo de hoy. El propósito de Pablo es llevarnos a pensar en este tipo de amor, y compararlo con la manera en que nosotros amamos.

¿Cómo sería nuestro hogar si estas características del amor estuviesen presentes en cada miembro de la familia?

Pero, estas características son propias del amor, fruto del Espíritu. Y los frutos no aparecen de un momento para otro, involucran crecimiento y desarrollo.

No te desesperes si mañana mismo no aparecen estas características en tu amor.

Simplemente ve a Jesús, búscalo cada día en oración, suplícale que desarrolle en ti la capacidad de amar con un amor auténtico, y te sorprenderás con los resultados.

Fue eso lo que sucedió en la vida del apóstol Juan. Él llegó a Jesús como “el hijo del trueno”.

Pero, en la convivencia diaria con Jesucristo, se fue desarrollando en él el amor de Dios; apareció el fruto del Espíritu.

Y, cuando lo encontramos en la isla de Patmos, años más tarde, ya no es más el “hijo del trueno”: se ha transformado en el “discípulo del amor”.

Levántate, asómate a la ventana. Ha empezado un nuevo día, y para ti puede ser una linda experiencia de compañerismo con Jesús.

No te asustes con las tormentas que ves aproximarse; escóndete en Jesús. Vive a su lado, y prepárate para ver las maravillas que él es capaz de hacer en tu vida.

¡Ah! Y recuerda que “el amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece”. 1 Corintios 13:4.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 25 de Junio del 2011

O ERES O NO ERES
Hermanos míos, ¿puede la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede hacer agua salada y dulce. Santiago 3:12.

Diego se despertó jadeando. Había tenido pesadillas toda la noche.

Al amanecer el nuevo día y mirarse en el espejo, vio las marcas de una noche mal dormida.

Hace tiempo que Diego vivía un tormento; y sabía que era necesario cambiar de rumbo. Se quedaba hasta altas horas de la noche mirando películas de terror.

Después, esas imágenes volvían a su inconsciente durante las horas de reposo, y dificultaban su descanso.

Pero, la angustia de Diego iba más allá. Como el apóstol Pablo, se arrodillaba muchas veces y clamaba a Dios: “¿Por qué hago el mal que no quiero y el bien que deseo, no puedo?”

El versículo de hoy trae la respuesta. ¿Puede una fuente emanar agua salada y dulce al mismo tiempo? La respuesta es obvia.

Eres lo que lees, oyes y miras. Son los mensajes que colocas en tu mente los que alimentan a la naturaleza de Cristo o a la naturaleza pecaminosa, que habitan dentro de ti.

Si deseas andar en los caminos de Dios, tendrás necesariamente que alimentara la naturaleza de Cristo.

La incoherencia, en el comportamiento de Diego, era que anhelaba ser un buen cristiano, alimentando a la naturaleza mala.

En el momento del accionar, su mente decía una cosa, teóricamente sabía qué camino seguir; pero, el cuerpo lo llevaba a andar por senderos extraños.

Si eres higuera, afirma Santiago, producirás higos. Pero, la tragedia de muchos es que, siendo higuera, quieren producir aceitunas. Y eso no funciona; es contrario a la naturaleza.

Haz de hoy un día de revisión de tus fuentes. Coloca en tu mente mensajes que alimenten y edifiquen a la naturaleza de Cristo. Revisa tu biblioteca, la colección de tus discos o tus videos.

Piensa en los lugares que concurres cuando navegas en Internet. En fin, hazte la vida cristiana más fácil.

Dios está siempre dispuesto a dar fuerzas al cansado. Nada hay que él no pueda hacer en tu vida, si con humildad lo buscas.

Antes de ir hacia tus actividades diarias, recuerda la pregunta de Santiago: “Hermanos míos, ¿puede la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede hacer agua salada y dulce”. Santiago 3:12.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 24 de Junio del 2011

CONFÍA
Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. Lucas 22:32.

¿Cómo haces para tener fe? ¿Cómo haces para seguir esperando, cuando nada de lo que esperas sucede? 

Si, al menos, existiera en el aire un tímido olor a promesas que se cumplen; pasos lejanos de la persona amada, que regresa. 

Si crujiera alguna hoja seca a tus espaldas, diciéndote que has recuperado la audición perdida.

Pero, nada de lo que esperas sucede; y escuchas, desanimado, lo que las demás personas cuentan acerca de los hechos extraordinarios que Dios obra en su vida.

El otro día, alguien me dijo: “Tengo la impresión de que cuanto más espero en Dios, él más se olvida de mí”.

Jesús sabía que ese tipo de pensamientos iba a asaltar muchas veces la mente de sus hijos. Por eso, un día aseguró a Pedro: “He rogado por ti, para que tu fe no falte”.

La fe es confianza. Cuando tú conoces a una persona, sabes que puedes confiar en ella; tienes la seguridad de que no te fallará.

Puede, incluso, demorar por circunstancias que después sabrás, pero estás seguro de que no te fallará. La conoces bien.

Esto te conduce de nuevo a Jesús. No es posible tener fe en Jesús y en sus promesas, si no convives a diario con él. Esa convivencia te lleva a conocerlo.

Y entonces tienes la seguridad de que, aunque aparentemente sus promesas demoran, él no te abandonó. Está ahí, cerca de ti, esperando el momento oportuno para mostrarte la salida.

Me anima la idea de saber que Jesús está en este momento rogando al Padre por mí, para que mi fe no falte. Es que la única manera de ser feliz, en este mundo de tinieblas, es saber que, aunque se demore, la luz del nuevo día brillará.

Jesús le dijo más a Pedro. Le dijo que otra de las maneras de sentir menos el dolor y las dificultades es estar ocupado en testificar a los demás respecto del amor de Dios: “Una vez vuelto, confirma a tus hermanos”.

Una vida centrada en uno mismo es, con frecuencia, una vida llena de ansiedad. Cuanto más miras al reloj, pareciera que el tiempo no corre; pero, cuando te olvidas de la hora y empiezas a trabajar, el tiempo vuela.

Haz de este un día más de convivencia con Jesús y de servicio a las personas. No temas de nadie ni de nada; no desesperes, si las cosas que esperas todavía no sucedieron.

Y toma las palabras de Jesús como si fuesen para ti: “Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos”. Lucas 22:32.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 23 de Junio del 2011

TEN FE
Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente. Jueces 6:12.

Las 6:30 de la mañana. El despertador grita a todo volumen que ya es hora de despertar.

Pero, ¡cómo! ¡Si él ni siquiera durmió! Se arrastra por la sala, para no despertar a nadie en casa. 

Las sandalias, deslizándose por el piso, parecen una multitud gritando al unísono: “No lo lograrás”.

Las 7:30 de la mañana. Dentro del auto, mientras lleva a los hijos a la escuela, Pablo guarda silencio durante el camino. 

En el asiento trasero, los hijos juegan un juego electrónico portátil. En otros tiempos, les hubiese pedido que hicieran menos ruido; pero hoy no tiene fuerzas ni para eso. 

Por lo menos, ese ruido apaga un poco el grito de su corazón: “¡No lo lograrás!”

Las 8:00 de la mañana: hijos en la escuela; tráfico lento; en la radio, las noticias de la mañana, la previsión del tiempo... y, en el corazón, la ansiedad de quien tiene que presentar un proyecto nuevo a un grupo exigente de clientes. 

El material es bueno, la presentación en el proyector está bien lograda; pero, el temor continúa. Él sabe que, en el mundo de los negocios, un buen proyecto no es suficiente. La lucha es intensa, feroz; casi insana.

Cualquier persona hace un buen proyecto; él necesita más que eso. Necesita aquel contrato. 

Pero, Pablo es un ser humano común, y tiene en su corazón las luchas comunes del día a día, el peso de la ansiedad, el fardo de la inseguridad, la inquieta pregunta: ¿Y si no lo logro? Pablo es, en verdad, la imagen de un hombre temeroso, con miedo, asustado.

El texto de hoy fue escrito para un hombre como Pablo. Un hombre que tenía un encuentro con personas difíciles, con gente a la que no le gustaba negociar; gente pesada. 

Y, en su desesperación, muestra que es todo, menos un hombre listo para la batalla. Gedeón cargaba en su corazón el mismo interrogante de Pablo y de muchos otros: ¿Acaso voy a lograrlo?

Tú eres un hombre valiente; el texto lo afirma. ¿Valiente? ¡Tanto Gedeón, como el Pablo de nuestra historia, nada tienen de valentía! Al contrario, ellos parecen inseguros, miedosos y ansiosos. 

¡Pero, no es así como Dios te ve! La grandeza es la visión de Dios. En el texto de hoy, Dios tiene la visión de un Gedeón victorioso porque lo ve no como es, sino como será por el poder divino.

Al comenzar un nuevo día, clama a Dios. Entrégale tu vida, sal a la lucha con fe, ve al campo de batalla y vence. Pero, antes, recuerda: 

Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente”. Jueces 6:12.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 22 de Junio del 2011

ENGAÑO
Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no     por mano humana. Daniel 8:25.

Sagacidad, astucia, engaño; armas mortales en las manos del enemigo de Dios. 

A fin de cuentas, él solo tiene dos maneras de llevarte a la destrucción: por la fuerza o por el engaño. 

La fuerza no le da mucho resultado: a lo largo de la historia, cada vez que ha usado la fuerza, el pueblo de Dios ha sido más fiel.

En el dolor y la persecución, los hijos se vuelven al Padre en busca de protección.

Ya el engaño es un arma que le da buenos resultados. Te hace creer que el camino que sigues te lleva a la vida y, sin embargo, te conduce a la muerte. Disfraza la verdad, la camufla y te convence del error.

El versículo de hoy es una profecía que habla de las actividades del enemigo de Dios, disfrazado: “Con sagacidad hará prosperar el engaño en su mano”. 

Aquí se habla de prosperidad, de aparente victoria. Llegará un momento, en la historia, en que el bien dará la impresión de haber sucumbido delante del mal.

Las personas serán confundidas; llamarán al mal bien, y al bien, mal.

Al ver que multitudes lo siguen, la profecía añade que “su corazón se engrandecerá”. Llegará al punto de pensar que es Dios, y reclamará la adoración de todos. 

Como esto no sucederá, porque siempre existirán personas fieles a la Palabra de Dios, “sin aviso destruirá a muchos”, completa el profeta Daniel. 

¿Puedes creer que, en el final de los tiempos, habrá gentes que serán perseguidas por no integrarse a la mayoría?

La única manera de ser “vacunados” contra el engaño es conocer la verdad. Y la verdad es la Palabra de Dios.

¿Qué harás con ella? ¿La guardarás en el estante de libros? ¿La colocarás en la sala, como una pieza de decoración? ¿O la abrirás, deseoso de conocer el plan que Dios tiene para ti?

Haz de este día, un día de estudio de la Biblia. El tiempo que empleas en tu devoción personal es una inversión para la vida eterna. No salgas sin la certidumbre de que el Señor Jesús va contigo. 

Y no te olvides: “Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana”. Daniel 8:25.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 21 de Junio del 2011

EXTIENDE LA MANO
Peca el que menosprecia a su prójimo; mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado. Proverbios 14:21.

El hombre de barba blanca y ropas viejas espera en silencio. La espera se hace larga, y ya está anocheciendo.

Hace meses que se reúne con los otros mendigos de la ciudad a fin de recibir un plato de sopa, que una señora caritativa sirve a los indigentes.

Aquella esquina de Humboldt y La Ensenada se ha convertido en la esquina salvadora de personas como él que, si no fuese por el amor de aquella señora, dormirían con hambre.

El desconocido pasa la mano por su barba, y parece inquieto. Nunca antes había tenido que esperar tanto.

No es impaciencia ni enfado sino, más bien, la extraña sensación de que la mujer no vendrá; de que no volverá; de que se ha ido para siempre, y que los pobres de la plaza volverán a tener hambre en las noches frías de aquella ciudad sin alma.

Tres días después, cuando las sombras de la noche aprisionan de nuevo a la metrópoli, aparecen dos jóvenes, trayendo el perol de sopa.

Los mendigos gritan de alegría, y aplauden; el hombre de barba blanca y ropas viejas, no. Se queda parado, observando, casi confirmando su presentimiento. Algo terrible ha pasado. Puede intuirlo...

Los jóvenes confirman la mala noticia: Doña Ana, la buena señora, ha muerto. Los jóvenes son sus hijos, y aseveran que descansó con una sonrisa en los labios; pero que, antes de morir, les suplicó que no se olvidasen de llevar la sopa a los pobres.

El que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado”, declara el texto de hoy. Bienaventurado significa “feliz”.

No existe felicidad más grande que extender la mano al que necesita. Una vida centralizada en las propias necesidades es como pozo de agua sin salida: en poco tiempo, acaba malográndose.

Haz de este un día de amor y de generosidad. Sé un manantial: brota y corre para regar los corazones tristes.

Sé como el trigo: aunque tengas que desaparecer en la tierra, que tus obras renazcan en una espiga llena, para continuar siendo una bendición, porque: “Peca el que menosprecia a su prójimo; mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado”. Proverbios 14:21.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 20 de Junio del 2011

FE, AMOR Y ESPERANZA
Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo. 1 Tesalonicenses 1:3.

Una vez más, Bernardo dejó que se marchara; en realidad, siempre la había dejado ir, desde que la conociera.

Siempre había estado tan ocupado, como para intentar conocerla.

No es que no lo hubiese querido hacer; no, no era eso.

Era la vida, la agitación propia de un mundo en el cual quien no camina ligero come el polvo de los que van adelante.

Lo que le dolía era que Estela no era la primera esposa que perdía; ya era la tercera vez que fracasaba.

Lo que él llamaba amor era apenas el sentimiento romántico que desaparece con el tiempo. El versículo de hoy habla de la constancia, como característica de la vida madura de un cristiano. 

Pablo, escribiendo a los tesalonicenses, destaca tres frutos que aparecen en la vida de un cristiano que pasa tiempo conociendo al Señor Jesús: fe, amor y esperanza.

La fe que el apóstol menciona no es solamente el asentimiento intelectual a una doctrina, sino la experiencia que obra, que produce y que se exterioriza en acciones.

Un asentimiento intelectual sin acciones no es fe; por lo menos, no desde el punto de vista bíblico.

La segunda característica es el amor, no simplemente como declaración romántica floreada de palabras bonitas, sino como un principio que se manifiesta en dedicación, renuncia y entrega a Dios y a los semejantes.

Y, finalmente, la esperanza. No solo como el deseo de que suceda algo de bueno en el futuro, sino como la actitud constante de creer en Dios, aunque las circunstancias nos empujen a dudar del amor de Dios y del cumplimiento de sus promesas.

Estas características solo aparecen en la vida de la persona que separa todos los días tiempo para pasar con Jesús.

Los matrimonios de Bernardo fracasaron porque, aunque casado, no se daba tiempo para conocer a la persona amada. Sin conocimiento, no existe confianza; y sin confianza, no puede haber ni fe, ni amor, ni esperanza.

Por eso, no salgas hoy para los embates del día sin la seguridad de que te tomaste tiempo para conocer a Jesús.

Sé como los tesalonicenses, a quienes Pablo les dijo: “Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo”. 1 Tesalonicenses 1:3


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 19 de Junio del 2011

PROSPERIDAD Y MANDAMIENTOS
Porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés. 2 Reyes 18:6.

¿Algún día lo lograré?, se pregunta. El éxito de sus padres la asusta. Thais es una chica llena de sueños, planes y proyectos.

Acaba de diplomarse en Medicina. Los padres, ambos médicos, son famosos, con carreras sólidas y una excelente reputación en el ámbito profesional.

Personas importantes acuden a la clínica de sus padres, y todo ese éxito la cohíbe y la atemoriza. ¿Cuál es el secreto de la prosperidad? ¿Cuál era el secreto de sus padres?

El versículo de hoy menciona el secreto de la prosperidad y del éxito en la vida del rey  Ezequías. Y enseña una lección que debe ser tomada en cuenta por todo aquel que desea ser un vencedor.

Todo lo que fue escrito en la Biblia fue escrito para nuestra edificación; el plan de Dios es mostrarte el camino y enseñarte a andar.

El problema de mucha gente es que desea tener éxito, pero usa los tres puntos del versículo de hoy en orden inverso.

Nota el orden correcto: Seguir a Dios, no apartarse de él y, después, guardar sus Mandamientos. Este último es consecuencia, y no causa.

Algunos sinceros hijos de Dios piensan que pueden lograr que Dios los ame más haciendo algo. ¡Eso es imposible! ¡Nada que yo haga logrará que Dios me ame más, así como no hay algo que yo haga para que Dios me ame menos!

Guardar los Mandamientos solo vale si es una consecuencia de seguir a Dios y no apartarse de él. La obediencia es fruto del relacionamiento correcto con la Fuente de la obediencia, que es Jesús.

Hoy comenzaste tu día haciendo una buena decisión: cultivar la comunión con Dios, seguirlo, no apartarte de él. El resultado será la obediencia natural a los Mandamientos.

Será una experiencia tan placentera como beber una limonada fría en una tarda caliente de verano. Ese es el secreto de la prosperidad y de la victoria.

Thais, João, Marcos, Luisa; no importa tu nombre ni cuáles sean tus sueños; no importan los gigantes que necesitas vencer. Lo que importa es que has descubierto el secreto de la prosperidad.

Haz como Ezequías, “porque siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés”. 2 Reyes 18:6.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 17 de Junio del 2011

¡CUIDADO!
No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. Eclesiastés 5:2.

La habitación estaba vacía, pero se respiraban recuerdos en cada uno de sus rincones; añoranzas con sabor de amargura; gemidos de un corazón hecho pedazos. Trozos de dolor, de incomprensión y de revuelta.

Los recuerdos se esparcían aquí y allí. La imagen de un niño pequeño jugando con sus cochecitos de madera la hacía volver al pasado; un pasado que, de tanto doler, se hacía presente cada amanecer.

Alba se mordió los labios, y maldijo a Dios. Lo hacía todos los días, desde la trágica mañana que contempló a su hijo sin vida.

En su corazón de madre triste, ya no había lugar para la fe. Se negaba a seguir aceptando la idea de un Dios que permitía la muerte de un inocente.

El sabio Salomón, en el versículo de hoy, advierte: ¡Cuidado! “No te desprisa con tu boca”. No permitas que el sentimiento te lleve a decir algo de lo que más tarde te arrepentirás.

Y la razón que el escritor bíblico presenta, para ser cauteloso con lo que se dice en el momento del dolor, es que “Dios está en el cielo y tú sobre la tierra”: no es posible entender los infinitos misterios divinos con la finita mente humana. “Mis pensamientos no son los tuyos”, afirma el Señor a través de Isaías.

Yo sé que, si perdiste a un ser querido inesperadamente o si el dolor, en otra de sus muchas formas, ha tocado tu vida, la tendencia natural del ser humano es a no aceptar la realidad.

Es que ni tú, ni yo ni nadie fuimos creados para sufrir. El sufrimiento es una experiencia intrusa en la vida humana.

Es lógico que sientas repulsión por el dolor; pero, por otro lado, es necesario aprender a confiar en el amor divino.

Dios jamás te prometió que en esta tierra no serías tocado por el dolor, pero prometió que, en el momento de las lágrimas, él estará a tu lado listo a enjugarlas y a fortalecerte, para pasar en medio del vendaval sin amilanarte.

Por eso, hoy, sacude el polvo de la insatisfacción y, a pesar de las adversidades, marcha tomado de la mano de tu Padre. Y “no te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras”. Eclesiastés 5:2.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 16 de Junio del 2011

¿CUÁL ES EL CAMINO?
Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?. Juan 14:5.

La preocupación del ser humano siempre es encontrar el camino que lo lleve a la felicidad. 

En cierta ocasión, Tomás pidió a Jesús: “Señor, muéstranos el camino”. Y la respuesta del Maestro fue: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. 

Jesús es el Camino y la Verdad. No existe nada más concreto y absoluto que Jesús. Desdichadamente, vivimos en días en que la verdad, para los seres humanos, se ha vuelto relativa.

El pluralismo y el relativismo son dos filosofías que están impregnadas en todo. El pluralismo enseña que, desde el momento que no existe un solo ser humano, es lógico que no pueda haber solo un concepto correcto. Pluralismo proviene de ahí, de la palabra plural, “muchos”.

Consecuentemente, nace el relativismo porque, si existen muchas maneras de pensar, no puede existir una sola verdad, sino muchas. Por tanto, la verdad es relativa; mejor dicho, depende de lo que cada uno quiera pensar.

Pero, cuando Jesús afirmó que él es la verdad, estaba yendo en contra del pluralismo y del relativismo. La verdad, desde el punto de vista bíblico, es absoluta y está basada en la Palabra de Dios.

Jesús lo dijo en su oración sacerdotal: “Santifícalos en tu verdad, tu Palabra es la verdad”.

Pero, al final de cuentas, la verdad ¿es Jesús o es la Palabra de Dios? ¡Ambos! Jesús es el Verbo, la Palabra de Dios que se hizo carne y vino a habitar entre nosotros. En Jesús, la palabra no era solo teoría: él era la Palabra hecha carne y vivida.

Esto sacude la idea de que la vida cristiana consiste solo en vivir en comunión teórica con Jesús, o que el cristianismo fervoroso se limita a hacer una declaración romántica de amor a Jesús y cantarle, lleno de emoción.

Todo eso es bueno, pero la vida cristiana es más que solo eso: es vivir los principios de la Palabra de Dios.

Disponte a vivir los principios bíblicos, aunque las personas se burlen de tus convicciones o piensen que vives en la Edad de Piedra.

Deposita tu confianza en Jesús; acepta las enseñanzas de su Palabra, y no digas, como Tomás: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?”. Juan 14:5.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 15 de Junio del 2011

REFUGIO

No hay santo como Jehová; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro. 1 Samuel 2:2.

Las montañas de Colorado se muestran blancas esta mañana. Es el invierno, que llegó temprano y vistió sus picos con su sábana de nieve.

Matutina del 14 de Junio del 2011

CLAMARON
De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová. Jueces 6:6.

Acostada en la cama de un hospital, Hermelinda trata de cobrar consciencia de lo que sucedió; por más que se esfuerza, no puede recordar.

Sabe que un camión cruzó la calle con luz roja, y la atropelló.

Pero, lo único que llega a su mente es el grotesco chirrido de los neumáticos, aferrándose inútilmente al pavimento.

Eso, y la visión de unos desesperados ojos negros en la vereda, mirándola como si adivinaran sus más íntimos temores.

Después, todo se volvió oscuro... y despertó en el hospital, rodeada de paredes verdes y techo blanco. La verdadera tragedia vino después, cuando el médico le dijo que necesitaba hacerle una serie de exámenes, para determinar con seguridad lo que le había pasado.

Hermelinda tembló, de cabeza a cintura; los pies, ya no los sintió. Tuvo la impresión de que se los habían arrancado.

Algunos días después, vino el veredicto: había sufrido una lesión irreversible en la columna vertebral, y estaba condenada a una silla de ruedas para el resto de la vida.

La joven alta, delgada y de cabellos largos no lloró; no en público. Pero, a solas, derramó su alma al Señor. Pasó horas clamando a Dios.

Aceptaba su situación, pero creía que Dios era un Dios que no conoce la palabra imposible.

Una noche, oró hasta la madrugada. Deberían ser las cuatro de la mañana. El gallo cantó. Poco tiempo después, oyó el ruido de la carroza que distribuía leche.

El sol debía salir de un momento a otro, cuando ella decidió levantarse de la silla. “En el nombre de Dios, estoy sana”, se repitió a sí misma. Y se levantó. Cayó estrepitosamente en el suelo. Intentó levantarse dos, tres veces.

Y, cuando estaba a punto de desistir, oyó una voz en el fondo de su corazón: “Levántate y anda”. Y se levantó. Y anduvo. Y nadie, jamás, pudo explicar lo que sucedió con ella.

El versículo de hoy dice que los hijos de Israel clamaron. ¿Por qué clamaron? Porque los madianitas los habían empobrecido. Les habían quitado todo.

Hay un enemigo peor que los madianitas. Desea quitarte las cosas más valiosas que tienes. 

Por eso, hoy, no salgas sin recordar el consejo divino: “De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová”. Jueces 6:6.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 13 de Junio del 2011

ESTARÉ CONTIGO
Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Josué 1:5.

Moisés había muerto, y su cuerpo había sido enterrado. La despedida había sido, a la vez, dolorosa y dulce; reflexiva y estremecedora. Inevitable.

Cuando un líder muere, el pueblo se ve desorientado.

Pierde su punto de referencia, vacila a veces; mira al futuro con temor. 

Fue en esas circunstancias que Dios se dirigió a Josué, el nuevo líder, y le manifestó las palabras mencionadas en el versículo de hoy.

La promesa involucraba relación. Dios estaría con el joven líder, no lo dejaría ni lo desampararía. Dios siempre está con quienes reconocen su fragilidad y lo buscan.

La pregunta es: ¿Está el ser humano con Dios?

Dios nunca abandona a sus criaturas. Es la criatura, en sus locos arrebatos de independencia, que abandona al Dador de la vida.

Al principio, todo le parece fascinante: vivir sin reglas y correr por los engañosos pastos del existencialismo le parece la aventura que siempre soñó.

El tiempo, sin embargo, se encarga de mostrarle la insensatez de su decisión.

En lugar de encontrar las montañas deseadas de la victoria, desciende a los abismos oscuros y solitarios de la derrota. Se asusta, e intenta inútilmente encontrar la salida.

Dios sabía que Josué corría el riesgo de conducir al pueblo a la muerte. Por eso, se le presentó una noche y le recordó que la condición para conquistar los grandes desafíos de la vida era estar en él.

Tal vez, este consejo te llega mientras saboreas el gusto amargo de la derrota; lloras las lágrimas de los sueños frustrados. 

Los castillos que construiste se desmoronaron en un instante: vinieron las ondas de la crisis, y descubriste que habías edificado sobre la arena.

Miras a todos lados, y tratas de descubrir qué es lo que salió mal.

Vuelve tus oídos al consejo de hoy. ¿Está Dios contigo? ¿Tienes la seguridad de que el brillo seductor del éxito no te llevó a abandonarlo?

Luchaste solo; corriste solo. Y, cuando el enemigo apareció, no pudiste hacerle frente.

Por eso hoy, no salgas de casa sin recordar la promesa divina: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé”. Josué 1:5.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 12 de Junio del 2011

¡OH, BENDITA ESCLAVITUD!
Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. 1 Corintios 7:22.

Jesús es el divisor de aguas. El lindero entre el pasado y el futuro; entre lo que nunca debió haber sido y lo que será.

Si no conoces a Jesús, tienes todo por conocer. Jesús es todo. En él, convergen las victorias y las derrotas.

Las victorias, como el punto de partida de una nueva experiencia, y las derrotas, como el fin de una vida sin sentido.

En Jesús, el ciego descubre la luz; el paralítico percibe que puede andar; los leprosos renacen y los muertos se encuentran de nuevo con la vida.

Jesús trasciende el tiempo. En él, las horas se detienen; se vuelven un permanente presente, no pasan. Él es la propia eternidad.

Cuando Jesús llama, el esclavo ve el milagro de sus cadenas rotas. No más grillajes atados a sus pies: no más humillación; no más hábitos perniciosos que dominan ni vicios que se apoderan de los momentos más bellos. La culpa no te martiriza más.

Puedes contemplar el nacimiento del sol desde las alturas de la libertad, y observar el abrir de una flor sin que el látigo del capataz hiera tus espaldas.

Cuando él llama, el libre se convierte en esclavo; esclavo del amor. Sirve, porque es su deleite servir; porque entiende que una eternidad de servicio no será suficiente para pagar el sacrificio de amor que se pintó de rojo en un madero en forma de cruz.

Ignora la belleza del evangelio el que vive atormentado por las reglas. Tú solo percibes que existe ley de tránsito cuando cruzas el semáforo en rojo; mientras lo respetes, conducir es un placer.

Mal entiende el amor de Jesucristo quien piensa que, por causa de la gracia, puede vivir sin límites. Existen los límites del amor.

Son horizontes sin fin de una existencia abundante para quien respeta las leyes de la vida en este partido entre el bien y el mal.

Por eso, hoy, enfrenta los desafíos de un nuevo día reconociéndote esclavo del amor. Sirve a tu Dios. Ayuda a tus semejantes; haz felices a las personas que viven a tu lado y que, a veces, perecen por falta de un gesto de cariño.

Nunca es tarde para comenzar de nuevo. Siempre está abierta la posibilidad de cambiar el rumbo de la vida, porque: “El que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo”. 1 Corintios 7:22.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 11 de Junio del 2011

¿QUIÉN SOY YO?
Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo, para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?. Éxodo 3:11.

En los ojos de Ari merodeaba la locura. El desequilibrio insano de días y noches recibiendo la visita de sus propios fantasmas. Noches sin fin y sin sueño.

Días de tormento y de agonía. En esas circunstancias, la muerte era apenas un paso hacia el vacío.

La muerte, para aquel joven empresario, se le había antojado siempre oscura, como sus noches, y vacía, como su alma. Nadie es capaz de cumplir la misión de la vida sin entender primero la esencia de su ser. 

¿Quién eres tú? ¿De dónde viniste y adónde vas? ¿Eres fruto de la casualidad, mediante un fenómeno natural llamado evolución, o saliste de las manos de un Creador, que te colocó en esta vida con una misión? 

La visión de futuro de cualquier persona depende de su visión de pasado.

Por eso Moisés, cuando recibió la misión de liberar al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, preguntó a Dios: “¿Quién soy yo?” 

Partir hacia el cumplimiento de la misión sin conocer la esencia del ser puede ser trágico. Lo fue con Ari. En la cúspide del éxito, creyó que era un semidiós, incapaz de cometer errores. 

La cabellera rubia y los ojos azules lo engañaron. Muchas veces llegó a soñar que el mundo estaba a sus pies, y que los seres humanos eran sus vasallos.

Creció. Prosperó. Aparentemente, había realizado sus sueños, cuando se perdió en medio de las llamas de sus delirios. Sus ojos empezaron a brillar con un brillo extraño; comenzó a dar órdenes inconexas, irracionales, infantiles, y la familia percibió que estaba ausente; lejos de la razón, sumergido en el mar de sus alucinaciones.

Pasó el resto de su vida en una clínica de reposo. Aullaba por las noches, como un lobo. Su lamento se perdía en la inmensidad de un universo, del cual solo era una partícula y no el dueño, como siempre había pensado.

Hoy, despunta un nuevo sol; el mismo que se ocultó ayer. Pero, puede ser diferente para ti si recuerdas que un día saliste de las manos de Dios y, aunque la vida te sonrió y conquistaste montañas elevadas, continúas siendo criatura dependiente, e instrumento al servicio de la humanidad.

Haz de este un día de reflexión. Y recuerda: “Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo, para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?”. Éxodo 3:11.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 10 de Junio del 2011

AFIRMADOS
Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. 1 Pedro 5:10.


Marlon lucía terrible: el accidente le había deformado el rostro y lo había confinado a una silla de ruedas.

A pesar de que todo el mundo le sugería agradecer a Dios por haberle salvado la vida, el joven atleta, de 23 años, no entendía por qué Dios había permitido que le ocurriera aquel accidente, que terminó con sus sueños de una medalla olímpica.

No era culpable del accidente: el conductor del otro vehículo conducía ebrio, y fue Marlon quien sufrió las peores consecuencias. ¡Injusto!, desde cualquier punto de vista; menos, desde la perspectiva divina.

La promesa de hoy afirma que los hijos de Dios no están libres de las dificultades sino que, después de haber padecido un poco, él los afirmará, fortalecerá y perfeccionará.

Me gusta la expresión perfeccionará. En griego es kataritzo. Significa cortar una piedra de modo que quepa en el lugar exacto.

Existe un plan divino y maravilloso para cada vida; nadie vino al mundo por acaso. La felicidad consiste en descubrir y llegar al lugar exacto para el que fuimos creados.

A veces, por las cosas de esta vida, perdemos el rumbo, nos deformamos, creamos aristas, y es necesario que pasemos por el esmeril del dolor para ser kataritzo; es decir, perfeccionados y labrados, a fin de ocupar el lugar exacto para el que fuimos creados.

Marlon entendió el propósito divino del dolor años después, cuando, por causa del accidente, tuvo que desarrollar otros dones que hubiesen que dado adormecidos de haber continuado con su carrera de atleta.

Hoy, solo agradece a Dios. Sabe que el Señor, en su sabiduría infinita, aprovechó el trágico accidente para llevarlo “al lugar exacto”.

Por eso, hoy, no te desanimes ante del dolor. Recuerda siempre que “el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”. 1 Pedro 5:10.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 9 de Junio del 2011

PRESTAR ATENCIÓN
Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Hebreos 2:1.

Seguramente, en algún lugar del mundo, alguien leerá estas líneas mientras el dolor de la derrota atormenta su alma.

Alguien que consume, apresurado, las últimas frases de su propia historia seguramente querrá atesorar, en su corazón, el consejo de hoy.

Alguna persona que desea borrar el pasado y empezar como si jamás hubiera terminado seguramente entenderá lo que Dios quiere decirle.

Pero, seguramente también, alguien, alrededor de la tierra, leerá lo que estoy escribiendo, y será como si nunca hubiese leído nada.

No prestará atención mientras el otro lee en voz alta. Se olvidará, y será como si la semilla jamás hubiese caído en el terreno de su corazón.

Es la ley de la vida. No todos escuchan; y si escuchan, no oyen; y si oyen, no guardan. La semilla cae en terrenos diferentes. El propio Señor Jesucristo lo manifestó, en forma de parábola.

Pero, el consejo de hoy es: “Atiende con diligencia las cosas que has oído”. ¿De qué sirve tener un mapa en las manos, si no estás dispuesto a obedecer sus instrucciones?

La Palabra de Dios contiene las instrucciones que llevan al puerto deseado de la felicidad. Nadie puede darse el lujo de ignorarla.

El camino hacia el fracaso está alfombrado de vidas que conocieron las Escrituras, pero las desobedecieron. Intentaron ser felices a su manera, siguiendo sus propios impulsos, y un día despertaron en las montañas frías de la infelicidad.

Nadie es feliz sólo porque desea serlo. Todo el mundo anhela llegar al valle encantado de la prosperidad. Pero, es imposible hacerlo sin seguir las instrucciones.

Por eso, el consejo de hoy es: “Atiende con diligencia las cosas que has oído”. La diligencia requiere trabajo y esfuerzo.

Ninguna instrucción conduce a la realización si la persona no está dispuesta a pagar el precio: obediencia estricta a las instrucciones.

Haz de este día un día de victorias y de conquistas. Sacude el polvo de la derrota; hecha la mediocridad a un lado. No te conformes con lo que lograste hasta aquí.

Existen montañas que todavía no fueron conquistadas; te aguardan a lo lejos. Sigue con fe, pero recuerda: “Es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos”. Hebreos 2:1.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 8 de Junio del 2011

MANERA DE VIVIR
Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir! 2 Pedro 3:11.

Vivimos en un mundo materialista; las cosas espirituales parecen utopía.

Hay gente sincera que piensa que el cielo, la Tierra Nueva, las mansiones celestiales y la segunda venida de Cristo son cosas que están solo en la imaginación de gente fanática.

Pero, la Biblia está llena de escenas dramáticas, que muestran que en todos los tiempos hubo gente incrédula que un día tuvo que enfrentarse con la realidad de las cosas.

En los tiempos de Noé, por ejemplo, muchos hombres llegaron al punto de considerar que Noé estaba loco. Nunca había llovido, ¿por qué tendría que llover ahora?

Pero, un día, el futuro que parecía irreal y distante llegó, y las puertas del arca se cerraron; el cielo se puso oscuro, y empezó a llover.

Muchos corrieron a pedir ayuda a Noé, pero él no pudo hacer nada: manos invisibles habían cerrado el arca, y solo Dios podría abrirla.

La Biblia afirma que, cuando Jesús se manifieste en las nubes de los cielos, habrá gente que, llorando, lamentará: “Pasó la ciega, se acabó el verano y nosotros no hemos sido salvos”.

Dejaste pasar tu oportunidad; no tomaste las cosas espirituales con seriedad; te dejaste contagiar por la filosofía materialista de nuestros días; no fuiste capaz de mirar hacia el futuro; no fuiste capaz de valorizar las promesas divinas, la bendición, la salvación. Ahora, se acabó la oportunidad, ya es demasiado tarde, ya no hay más bendición.

Todos nosotros, un día, pasaremos por un momento dramático semejante a este. Gente que vivió como si el presente nunca fuese a terminar. Vivió sin mirar al cielo.

Por eso, el texto de hoy advierte: Todo lo que ves a tu alrededor acabará. Esta tierra no es eterna; Jesús vuelve para ponerle un punto final a la historia del pecado.

Ya que esto es lo que va a suceder, ¿por qué no vivir con esa expectativa en el corazón y, así, marchar sabiendo que nuestro verdadero hogar se aproxima?

Haz de este un día de justicia y de santidad. La santidad cristiana no significa andar todo el tiempo con la Biblia debajo del brazo, y preocupado en descubrir lo que es pecado.

Santidad es la maravillosa experiencia de andar con Jesús; todos los días, en todos los momentos. Y esa experiencia puede empezar para ti hoy.

No lo olvides: “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!”. 2 Pedro 3:11.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 7 de Junio del 2011

BIENAVENTURADO
Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Santiago 1:12.

El otoño se va. Aquí, en los Estados Unidos, el invierno llegó.

Los copos de nieve ya empiezan a caer, como gotitas encantadoras de algodón. Pero, lo que me impresiona es la resistencia de las hojas ante el frío destructor.

No mueren conformadas, luchan. 

Su lucha es una explosión de maravillosos colores: verde, amarillo, rojo, anaranjado, en fin... como si un pintor hubiera pasado por la naturaleza derrochando todo su arte.

Las hojas mueren resistiendo hasta el fin. Mueren la gloriosa muerte de los inconformistas con la situación. Mueren derramando la última gota de vida, para alegría de los hombres.

Si las hojas fuesen gente, la bienaventuranza de hoy sería para ellas. Soportan los vendavales del invierno hasta la muerte. Su corona de vida es el festival colorido de su muerte.

Dios jamás habría presentado esta bienaventuranza si la victoria sobre el pecado no fuese segura. Al morir Jesús en la cruz y al resucitar el tercer día, estaba clavando la estocada fatal en el mismo corazón del enemigo de las almas.

Satanás, hoy, es un enemigo derrotado, agonizante... gimiendo los estertores de la muerte. No tiene más derecho de vencer a nadie; no tiene condiciones. 

Todo lo que puede hacer es tentarte; obligarte a ceder, no. Si caes es porque, de alguna manera, decidiste caer. Si hay algo que el enemigo no puede hacer es obligarte a hacer lo que no quieres.

Haz como las hojas: resiste. No estás solo. Cuando caes de rodillas, Dios envía millares de ángeles para auxiliarte. La batalla es dura, pero la victoria es segura.

Hoy puede ser el día de victoria que tanto esperabas; hoy puedes levantarte de las cenizas. Camina por la vida sin temor; levanta la frente en alto.

Tu enemigo está a tus pies. La hora final le llegó. ¡Hoy es tu oportunidad! Sal en el nombre de Jesús, y enfrenta todo lo que venga por delante sabiendo que a tu lado marcha alguien que no conoce la derrota. Y no te olvides:

Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”. Santiago 1:12.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 5 de Junio del 2011

TUS VESTIDURAS
Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignas. Apocalipsis 3:4.

Las personas en Sardis eran dignas. Dignidad, perfección, rectitud, justicia: cualidades deseadas que, al mismo tiempo, asustan.

¿Quién se atrevería a decir que es digno? Mucho menos, Charles.

No es que Charles sea malo o que sea un pecador contumaz. Es, simplemente, un hijo de Dios que lucha todos los días para vivir en conformidad a las enseñanzas de la Palabra de Dios. 

Charles es la imagen de muchas personas que van a la iglesia todas las semanas. Es un buen ciudadano, buen padre, buen amigo, buen empleado; pero, de ahí a decir que es digno, perfecto, recto y justo... hay mucha distancia. Por lo menos, eso piensa Charles.

Su problema es que no sabe qué patrones utilizar para medir su dignidad, su justicia, su perfección y su rectitud. Él se mide por aquello que le parece correcto; por lo que los otros dicen; por lo que hace, come o viste.

El legalismo hace, de la propia vida, el centro de la experiencia cristiana. Se concentra en la opinión de las personas, y no en Dios ni en su amor. El legalismo despoja a la Ley de la gracia; la deja, fría, seca y sin vida.

La definición de “dignidad”, tal como aparece en el texto de hoy, no es merecimiento; no es la recompensa por el buen comportamiento. No soy digno por lo que hago o dejo de hacer, sino por lo que creo y acepto.

Las personas de Sardis eran dignas porque poseían vestiduras blancas. Esas vestiduras son el símbolo maravilloso de la justicia de Cristo. Esas personas no esgrimen su propia justicia, sino que se esconden en la justicia de Cristo; se visten con las ropas del Cordero, y Dios las ve como si nunca hubiesen pecado.

Hoy es un nuevo día. Apodérate de la justicia de Cristo. No dirijas los ojos hacia tus propias consecuciones, ni confíes en lo que eres capaz de hacer. Si lo haces, quedarás frustrado. Confía en el Señor Jesús.

Por eso, no salgas para enfrentar las luchas de este día sin arrodillarte, y pedir que la gracia maravillosa de Cristo cubra tus pecados.

Y recuerda las palabras de Jesús: “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignas”. Apocalipsis 3:4.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 4 de Junio del 2011

VENID A MÍ
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mateo 11:28.

Buenos Aires despierta, perezosa, esta mañana, sumergida en una niebla espesa. Me levanto, y bajo al restaurante del hotel, a desayunar. 

En mi mesa, tengo un par de medialunas y una taza de chocolate con leche. A mi lado, en otra mesa, una pareja discute la relación hecha pedazos. No les importan los demás.

En el clímax de la discusión, el hombre golpea la mesa con violencia, se levanta y vocifera: “Estoy cansado de esta vida miserable. No quiero verte más. Me voy”.

Y se va. Quién sabe adónde. Toma la avenida 9 de Julio y desaparece. La señora lo sigue, inundada en lágrimas.

Subo a mi cuarto. Mi ventana da al Obelisco. Me quedo un rato, observando aquella joya arquitectónica, símbolo de esta ciudad cosmopolita.

Después, recordando el triste incidente del desayuno, empiezo a escribir. “Estoy cansado de esta vida miserable”, dijo aquel hombre, antes de partir. 

Todos los días, hay gente que despierta cansada. No es cansancio físico; ¡ojalá lo fuera! 

Para ese tipo de cansancio, hay remedio. Pero ¿qué haces con el hartazgo del alma? ¿Adónde vas cuando las sesiones de psicoanálisis no resuelven tu problema, ni los somníferos logran que duermas?

El hastío de vivir lleva al ser humano a la inercia emocional: ama sin amar; camina sin observar. No disfruta de las cosas bellas que la vida ofrece. Simplemente, sigue el rumbo de la existencia, sin alegría.

Más de dos siglos atrás, el Señor Jesucristo dijo: “Venid a mí todos los que estáis cansados”. Esta es una invitación para quienes están cansados de vivir las acritudes cotidianas; para los que luchan y no alcanzan; para los derrotados; para los que cayeron en la rutina agobiante de trabajar sin motivación.

Nadie jamás vino a Jesús y volvió frustrado. Él es el agua de vida, que calma la sed del alma. 

El pan que satisface el hambre del espíritu. Millones lo han buscado, y han recibido el bálsamo curador de la paz que inunda el corazón del cansado peregrino.

Hoy puede ser tu día de encuentro con Jesús. Es tan simple. Solo abrir el corazón y decirle que no puedes. Aceptar tus limitaciones humanas y confiar en su poder divino. 

No salgas hoy, a enfrentar las cosas que te esperan allá, afuera, sin repetir la promesa de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Mateo 11:28.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 2 de Junio del 2011

TU JUSTICIA
Entonces nacerá tu luz como el alba y tu santidad, se dejará ver en seguida; tu justicia irá delante de ti y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Isaías 58:8.

La santidad es algo que no se puede ocultar. Pero, al mismo tiempo, es como el perfume: resulta empalagosa, cuando es usada sin medida.

Imagínate con el cuerpo sudado, después de haber corrido durante una hora.

No encuentras agua y, para resolver el problema, te secas el sudor con la toalla y te colocas perfume, para disfrazar el olor del sudor. ¿Qué resultaría? No es necesario responder...

Ahora, imagínate debajo de la ducha, dejando que el agua limpia resbale por tu cuerpo. Después, al salir a la calle, te colocas dos gotitas de un perfume delicioso.

Estoy seguro de que todas las personas te van a mirar, mientras caminas. No existe mejor fragancia que la de un perfume colocado con discreción, en un cuerpo limpio.

La santidad es el perfume espiritual del cristiano. No hay cómo pasar desapercibido cuando el perfume de Cristo está reflejado en tu vida: “Tu luz nacerá como el alba y tu santidad se dejará ver en seguida”, dice el profeta.

Pero, ¿qué es santidad? La palabra santo, en el original griego, encierra el significado de algo que fue separado para un propósito especial.

Es la consciencia de que no eres un ser común; de que perteneces al Rey del universo; de que fuiste comprado con sangre; de que eres parte de la familia real.

Por eso, cuando encuentres en tu senda muchas voces, llamándote a transitar por los caminos que te llevan a la destrucción y a la muerte, acuérdate de que tú eres santo, separado para un propósito especial.

No eches las perlas a los puercos; tú eres una joya preciosa, de un valor infinito. El Señor Jesucristo lo dejó todo en el cielo, y vino a esta tierra a buscarte, porque tiene un propósito especial para ti.

Sal hoy, por los caminos de la vida; pero sal con la consciencia de tu santidad. Pero, recuerda que no existe santidad sin justicia.

Busca a Jesús y su justicia; y, sin importar que haya una montaña de dificultades y tentaciones al frente, serás lo más precioso que Jesús tiene en esta vida, y vivirás como tal.

Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu santidad, se dejará ver en seguida; tu justicia irá delante de ti y la gloria de Jehová será tu retaguardia”. Isaías 58:8.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 1 de Junio del 2011

CONSOLADOS PARA CONSOLAR
Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos. Filipenses. 1:7.

Existen personas cuya influencia consoladora es admirable. Filemón era una de ellas: “Por ti han sido consolados los corazones de los santos”, le dice Pablo.

La mayoría de los seres humanos tenemos dificultad para observar el dolor de las personas afligidas que viven a nuestro lado.

Es propio de nuestra naturaleza pensar en nosotros mismos, y centrarnos en las circunstancias adversas que surgen todos los días.

El espíritu de queja, y la insatisfacción se apodera del corazón. Casi siempre creemos que a los demás les va bien, y solo a nosotros nos salen mal las cosas.

¿Cuál era la razón de la vida inspiradora de Filemón? Su amor. Pablo habla de gozo y de consolación “en tu amor”.

Una vida sin amor es incapaz de ver el dolor ajeno; vive solamente concentrada en su propio dolor.

Pero, hay que entender que el amor no es algo que tú fabricas. Por más que te esfuerces, que lo intentes y que tengas fuerza de voluntad, la triste realidad es que tu amor, el mío y el de todos los seres humanos está manchado por la terrible suciedad del egoísmo.

Así somos, desde la entrada del pecado a este mundo: egoístas, incoherentes y absurdos en nuestra manera de amar.

Decimos que amamos al cónyuge, pero, ¿adónde se va ese amor, cuándo descubrimos que fue infiel? Decimos que amamos al hijo, pero ¿qué sucede cuándo descubres que él hizo algo en contra de ti?

Por lo tanto, si eres consciente de que no puedes fabricar amor, necesitas ir a la verdadera Fuente del amor, que es Dios.

Dios no solo tiene amor, ni solo muestra amor o apenas da amor: él es el propio amor.

Cuando ofrece amor, se ofrece a sí mismo; cuando muestra amor, se muestra a sí mismo. Sin él, no existe amor: Dios es la misma esencia del amor.

Y el ser humano solo puede reflejar, aunque sea pálidamente, el verdadero amor en la medida en que viva conectado al Dios Amor.

Haz de este un día de amor y de consolación. Mira a tu alrrededor, y consuela a quien está triste. ¡Quién sabe! Tal vez, un día alguien diga, de ti, lo que Pablo dijo de Filemón: 

Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos”. Filipenses. 1:7.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo
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