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Matutina del 7 de Junio del 2011

BIENAVENTURADO
Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Santiago 1:12.

El otoño se va. Aquí, en los Estados Unidos, el invierno llegó.

Los copos de nieve ya empiezan a caer, como gotitas encantadoras de algodón. Pero, lo que me impresiona es la resistencia de las hojas ante el frío destructor.

No mueren conformadas, luchan. 

Su lucha es una explosión de maravillosos colores: verde, amarillo, rojo, anaranjado, en fin... como si un pintor hubiera pasado por la naturaleza derrochando todo su arte.

Las hojas mueren resistiendo hasta el fin. Mueren la gloriosa muerte de los inconformistas con la situación. Mueren derramando la última gota de vida, para alegría de los hombres.

Si las hojas fuesen gente, la bienaventuranza de hoy sería para ellas. Soportan los vendavales del invierno hasta la muerte. Su corona de vida es el festival colorido de su muerte.

Dios jamás habría presentado esta bienaventuranza si la victoria sobre el pecado no fuese segura. Al morir Jesús en la cruz y al resucitar el tercer día, estaba clavando la estocada fatal en el mismo corazón del enemigo de las almas.

Satanás, hoy, es un enemigo derrotado, agonizante... gimiendo los estertores de la muerte. No tiene más derecho de vencer a nadie; no tiene condiciones. 

Todo lo que puede hacer es tentarte; obligarte a ceder, no. Si caes es porque, de alguna manera, decidiste caer. Si hay algo que el enemigo no puede hacer es obligarte a hacer lo que no quieres.

Haz como las hojas: resiste. No estás solo. Cuando caes de rodillas, Dios envía millares de ángeles para auxiliarte. La batalla es dura, pero la victoria es segura.

Hoy puede ser el día de victoria que tanto esperabas; hoy puedes levantarte de las cenizas. Camina por la vida sin temor; levanta la frente en alto.

Tu enemigo está a tus pies. La hora final le llegó. ¡Hoy es tu oportunidad! Sal en el nombre de Jesús, y enfrenta todo lo que venga por delante sabiendo que a tu lado marcha alguien que no conoce la derrota. Y no te olvides:

Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”. Santiago 1:12.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 5 de Junio del 2011

TUS VESTIDURAS
Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignas. Apocalipsis 3:4.

Las personas en Sardis eran dignas. Dignidad, perfección, rectitud, justicia: cualidades deseadas que, al mismo tiempo, asustan.

¿Quién se atrevería a decir que es digno? Mucho menos, Charles.

No es que Charles sea malo o que sea un pecador contumaz. Es, simplemente, un hijo de Dios que lucha todos los días para vivir en conformidad a las enseñanzas de la Palabra de Dios. 

Charles es la imagen de muchas personas que van a la iglesia todas las semanas. Es un buen ciudadano, buen padre, buen amigo, buen empleado; pero, de ahí a decir que es digno, perfecto, recto y justo... hay mucha distancia. Por lo menos, eso piensa Charles.

Su problema es que no sabe qué patrones utilizar para medir su dignidad, su justicia, su perfección y su rectitud. Él se mide por aquello que le parece correcto; por lo que los otros dicen; por lo que hace, come o viste.

El legalismo hace, de la propia vida, el centro de la experiencia cristiana. Se concentra en la opinión de las personas, y no en Dios ni en su amor. El legalismo despoja a la Ley de la gracia; la deja, fría, seca y sin vida.

La definición de “dignidad”, tal como aparece en el texto de hoy, no es merecimiento; no es la recompensa por el buen comportamiento. No soy digno por lo que hago o dejo de hacer, sino por lo que creo y acepto.

Las personas de Sardis eran dignas porque poseían vestiduras blancas. Esas vestiduras son el símbolo maravilloso de la justicia de Cristo. Esas personas no esgrimen su propia justicia, sino que se esconden en la justicia de Cristo; se visten con las ropas del Cordero, y Dios las ve como si nunca hubiesen pecado.

Hoy es un nuevo día. Apodérate de la justicia de Cristo. No dirijas los ojos hacia tus propias consecuciones, ni confíes en lo que eres capaz de hacer. Si lo haces, quedarás frustrado. Confía en el Señor Jesús.

Por eso, no salgas para enfrentar las luchas de este día sin arrodillarte, y pedir que la gracia maravillosa de Cristo cubra tus pecados.

Y recuerda las palabras de Jesús: “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignas”. Apocalipsis 3:4.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 4 de Junio del 2011

VENID A MÍ
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mateo 11:28.

Buenos Aires despierta, perezosa, esta mañana, sumergida en una niebla espesa. Me levanto, y bajo al restaurante del hotel, a desayunar. 

En mi mesa, tengo un par de medialunas y una taza de chocolate con leche. A mi lado, en otra mesa, una pareja discute la relación hecha pedazos. No les importan los demás.

En el clímax de la discusión, el hombre golpea la mesa con violencia, se levanta y vocifera: “Estoy cansado de esta vida miserable. No quiero verte más. Me voy”.

Y se va. Quién sabe adónde. Toma la avenida 9 de Julio y desaparece. La señora lo sigue, inundada en lágrimas.

Subo a mi cuarto. Mi ventana da al Obelisco. Me quedo un rato, observando aquella joya arquitectónica, símbolo de esta ciudad cosmopolita.

Después, recordando el triste incidente del desayuno, empiezo a escribir. “Estoy cansado de esta vida miserable”, dijo aquel hombre, antes de partir. 

Todos los días, hay gente que despierta cansada. No es cansancio físico; ¡ojalá lo fuera! 

Para ese tipo de cansancio, hay remedio. Pero ¿qué haces con el hartazgo del alma? ¿Adónde vas cuando las sesiones de psicoanálisis no resuelven tu problema, ni los somníferos logran que duermas?

El hastío de vivir lleva al ser humano a la inercia emocional: ama sin amar; camina sin observar. No disfruta de las cosas bellas que la vida ofrece. Simplemente, sigue el rumbo de la existencia, sin alegría.

Más de dos siglos atrás, el Señor Jesucristo dijo: “Venid a mí todos los que estáis cansados”. Esta es una invitación para quienes están cansados de vivir las acritudes cotidianas; para los que luchan y no alcanzan; para los derrotados; para los que cayeron en la rutina agobiante de trabajar sin motivación.

Nadie jamás vino a Jesús y volvió frustrado. Él es el agua de vida, que calma la sed del alma. 

El pan que satisface el hambre del espíritu. Millones lo han buscado, y han recibido el bálsamo curador de la paz que inunda el corazón del cansado peregrino.

Hoy puede ser tu día de encuentro con Jesús. Es tan simple. Solo abrir el corazón y decirle que no puedes. Aceptar tus limitaciones humanas y confiar en su poder divino. 

No salgas hoy, a enfrentar las cosas que te esperan allá, afuera, sin repetir la promesa de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Mateo 11:28.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 2 de Junio del 2011

TU JUSTICIA
Entonces nacerá tu luz como el alba y tu santidad, se dejará ver en seguida; tu justicia irá delante de ti y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Isaías 58:8.

La santidad es algo que no se puede ocultar. Pero, al mismo tiempo, es como el perfume: resulta empalagosa, cuando es usada sin medida.

Imagínate con el cuerpo sudado, después de haber corrido durante una hora.

No encuentras agua y, para resolver el problema, te secas el sudor con la toalla y te colocas perfume, para disfrazar el olor del sudor. ¿Qué resultaría? No es necesario responder...

Ahora, imagínate debajo de la ducha, dejando que el agua limpia resbale por tu cuerpo. Después, al salir a la calle, te colocas dos gotitas de un perfume delicioso.

Estoy seguro de que todas las personas te van a mirar, mientras caminas. No existe mejor fragancia que la de un perfume colocado con discreción, en un cuerpo limpio.

La santidad es el perfume espiritual del cristiano. No hay cómo pasar desapercibido cuando el perfume de Cristo está reflejado en tu vida: “Tu luz nacerá como el alba y tu santidad se dejará ver en seguida”, dice el profeta.

Pero, ¿qué es santidad? La palabra santo, en el original griego, encierra el significado de algo que fue separado para un propósito especial.

Es la consciencia de que no eres un ser común; de que perteneces al Rey del universo; de que fuiste comprado con sangre; de que eres parte de la familia real.

Por eso, cuando encuentres en tu senda muchas voces, llamándote a transitar por los caminos que te llevan a la destrucción y a la muerte, acuérdate de que tú eres santo, separado para un propósito especial.

No eches las perlas a los puercos; tú eres una joya preciosa, de un valor infinito. El Señor Jesucristo lo dejó todo en el cielo, y vino a esta tierra a buscarte, porque tiene un propósito especial para ti.

Sal hoy, por los caminos de la vida; pero sal con la consciencia de tu santidad. Pero, recuerda que no existe santidad sin justicia.

Busca a Jesús y su justicia; y, sin importar que haya una montaña de dificultades y tentaciones al frente, serás lo más precioso que Jesús tiene en esta vida, y vivirás como tal.

Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu santidad, se dejará ver en seguida; tu justicia irá delante de ti y la gloria de Jehová será tu retaguardia”. Isaías 58:8.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 1 de Junio del 2011

CONSOLADOS PARA CONSOLAR
Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos. Filipenses. 1:7.

Existen personas cuya influencia consoladora es admirable. Filemón era una de ellas: “Por ti han sido consolados los corazones de los santos”, le dice Pablo.

La mayoría de los seres humanos tenemos dificultad para observar el dolor de las personas afligidas que viven a nuestro lado.

Es propio de nuestra naturaleza pensar en nosotros mismos, y centrarnos en las circunstancias adversas que surgen todos los días.

El espíritu de queja, y la insatisfacción se apodera del corazón. Casi siempre creemos que a los demás les va bien, y solo a nosotros nos salen mal las cosas.

¿Cuál era la razón de la vida inspiradora de Filemón? Su amor. Pablo habla de gozo y de consolación “en tu amor”.

Una vida sin amor es incapaz de ver el dolor ajeno; vive solamente concentrada en su propio dolor.

Pero, hay que entender que el amor no es algo que tú fabricas. Por más que te esfuerces, que lo intentes y que tengas fuerza de voluntad, la triste realidad es que tu amor, el mío y el de todos los seres humanos está manchado por la terrible suciedad del egoísmo.

Así somos, desde la entrada del pecado a este mundo: egoístas, incoherentes y absurdos en nuestra manera de amar.

Decimos que amamos al cónyuge, pero, ¿adónde se va ese amor, cuándo descubrimos que fue infiel? Decimos que amamos al hijo, pero ¿qué sucede cuándo descubres que él hizo algo en contra de ti?

Por lo tanto, si eres consciente de que no puedes fabricar amor, necesitas ir a la verdadera Fuente del amor, que es Dios.

Dios no solo tiene amor, ni solo muestra amor o apenas da amor: él es el propio amor.

Cuando ofrece amor, se ofrece a sí mismo; cuando muestra amor, se muestra a sí mismo. Sin él, no existe amor: Dios es la misma esencia del amor.

Y el ser humano solo puede reflejar, aunque sea pálidamente, el verdadero amor en la medida en que viva conectado al Dios Amor.

Haz de este un día de amor y de consolación. Mira a tu alrrededor, y consuela a quien está triste. ¡Quién sabe! Tal vez, un día alguien diga, de ti, lo que Pablo dijo de Filemón: 

Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos”. Filipenses. 1:7.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 31 de Mayo del 2011

OBRAS
El cual pagará a cada uno conforme a sus obras. Romanos 2:6.

Por algún motivo, muchos cristianos no entienden el lugar de las obras en la experiencia espiritual.

Las obras no salvan a nadie. La Biblia enseña, con claridad meridiana, que la salvación es únicamente por la gracia maravillosa de Jesús. 

Este mensaje está presente desde el libro de Génesis, cuando un cordero, que simbolizaba a Jesús, era sacrificado a fin de resolver el problema de la desnudez humana;

pasando por el pueblo de Israel, en que cada israelita tenía que ofrecer a Dios un corderito, como expiación por su pecado, hasta el libro de Apocalipsis, que termina diciendo: “La gracia del Señor esté con todos vosotros”.

Pero, el texto de hoy es también claro, al afirmar que el resultado final de la gracia son las buenas obras y que, finalmente, seremos juzgados por lo que hicimos o dejamos de hacer.

La gracia no está reñida con las obras; ambas tienen lugar en la experiencia de una persona que ha entregado su vida a Jesús. 

La gracia es la causa de la salvación; las obras, son su resultado.

La confusión sucede cuando cambiamos los papeles, y pensamos que las obras nos califican para la salvación; o, ya que fuimos salvos en Cristo, no necesitamos preocuparnos por las obras.

La otra confusión surge cuando deseamos que las buenas obras sean el resultado de nuestro esfuerzo. 

Si para alguna cosa vale el esfuerzo humano, es para buscar a Jesús y mantener, con él, un compañerismo diario a través de la oración, el estudio de la Biblia y la testificación.

¿Por qué se necesita esfuerzo? Porque la naturaleza humana, que todavía cargamos, nos conduce lejos de Dios; no es natural que quiera vivir en comunión con Jesús.

Pero, el hecho de que no sea natural no significa que debas quedarte vegetando en el terreno de la mediocridad espiritual, y aceptes pasivamente una vida de derrotas espirituales.

La victoria es posible con Jesús. Por eso, el libro de Apocalipsis está repleto de promesas para los vencedores.

La victoria no es una fantasía, ni una utopía, ni algo reservado solo para quienes tienen gran fuerza de voluntad.

La victoria es un presente de amor, que Jesús ofrece a los que, con humildad, lo buscan. 

Haz de este día un día de victorias espirituales y de muchas obras, sabiendo que Dios “pagará a cada uno conforme a sus obras”.Romanos 2:6.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 30 de Mayo del 2011

SÍGUEME
Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme. Juan 21:19.

Julio de 58 d.C. Roma está en llamas. Se murmura, en la ciudad, que el autor del incendio es Nerón, pero se culpa a los cristianos; muchos de ellos, cubiertos de betún, son quemados vivos.

Pedro corre una suerte diferente: a él lo crucifican cabeza abajo; por lo menos, eso afirma la tradición.

Muerte heroica la de Pedro; diferente de aquel hombre cobarde, que juró no conocer al Maestro, la noche en que el Salvador del mundo fue crucificado.

Aquella noche amarga; la más triste de las noches tristes, la miseria del hombre había llegado a su expresión más audaz. Y, en medio de aquella tragedia, tal vez Pedro y Judas sean los emblemas de la manera en que el ser humano reacciona ante el sacrificio de Cristo.

Judas se suicidó; no fue capaz de resistir el peso de la culpa. Sus carnes fueron hechas pedazos por los perros, al día siguiente.

Pedro también sintió el peso abrumador de la conciencia; el martilleo de la culpa lo golpeó sin piedad. Pero, el apóstol creyó en la promesa de perdón de Jesús, y lloró, arrepentido de su traición.

Ahora ya todo ha pasado. El sol aparece, sonriente, a la orilla del mar de Galilea, cuando el Señor se presenta a sus discípulos. Pedro no tiene siquiera el valor de levantar la mirada.

¿Qué decir? ¿Cómo justificar que lo ha negado? Es Jesús quien toma la iniciativa. Gracias a Dios, siempre es Jesús el que parte en dirección del hombre caído. Es él el que busca, el que llama y, finalmente, encuentra al pecador.

Tú conoces bien la historia. Después de preguntarle tres veces si lo amaba, anuncia a Pedro el triste fin que lo espera, si desea seguirlo. Y él acepta.

Ya no va al Maestro atraído por el Reino, por las luces o por las bendiciones; eso es asunto del pasado. Su motivación, ahora, es el amor.

Y cuando el amor llena tu corazón, toma también posesión de tus ojos, de tu mente; en fin, de tu ser entero. Ya no ves las dificultades, los problemas ni las amenazas que te esperan.

El amor te constriñe; te arropa en su manto y te hace avanzar seguro, en medio de la tormenta.

Si Pedro murió como la tradición describe, poco importa. Importa que muriera sirviendo a su Señor y testificando acerca de su amor. Por eso hoy, tú también sal a enfrentar las dificultades, recordando que,

esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme”. Juan 21:19.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 29 de Mayo del 2011

ÉL SABE
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Filipenses 4:19.

Has pensado, alguna vez, por qué tienes que orar contándole todo a Jesús, si él conoce bien lo que sucede contigo?

La verdad, es que el propósito de la oración no es informarle nada a Dios: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta”, afirma el versículo de hoy.

Entonces, ¿por qué hay que orar? El propósito de la oración es cultivar el compañerismo con Jesús, conversar con él, tomar consciencia de su presencia.

Es como la experiencia de los novios, que se encuentran para conversar. ¿De qué hablan? De todo y de nada.

Lo que importa no es lo que dicen, sino el momento de compañerismo, el estar al lado de la persona amada.

Muchos creen que orar es simplemente pedir. ¿Ya imaginaste cómo sería la vida de dos personas enamoradas si solo se encontrasen para pedirse cosas?

La tragedia del ser humano es que vive solo, intenta vencer solo, se atreve a alcanzar sus sueños... solo. Y el resultado es que se hiere, y hiere a las personas amadas que viven a su lado.

Jesús desea entrar en tu vida; formar parte de tus planes; luchar a tu lado para hacerlos realidad. Y el instrumento para permanecer a tu lado es la oración. No por causa suya, sino por tu causa.

Eres tú el que necesita tener conciencia de que no estás solo. Saber que Jesús está contigo te infunde valor, determinación, optimismo, y la voluntad de levantarte y continuar luchando, a pesar de las circunstancias adversas que te puedan rodear.

En los tiempos de Jesús, los fariseos habían caído en el formalismo de una religión vacía. Creían que el simple cumplimiento de deberes y obligaciones les garantizaba la salvación.

Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí”, lamentó el Señor, en aquella ocasión.

El corazón. ¡Esa es la clave de un cristianismo con significado! El corazón lleno de amor hacia Dios; el corazón que busca estar a su lado; el corazón que anhela el compañerismo permanente de Jesús.

Haz de este un día de compañerismo con el Señor. Mientras caminas, juegas, estudias, trabajas o lo que hagas, ten conciencia de que no estás solo.

Conversa con él como si estuviese sentado a tu lado, mientras diriges tu vehículo. Y recuerda la oración de Pablo: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Filipenses 4:19.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 28 de Mayo del 2011

CONTADOS
Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Mateo 10:30.

El dolor es como el viento en medio del desierto: sopla inclemente, castiga, duele; hace sufrir. Y, en esas horas, te sientes solo y abandonado. Es humano.

Hasta el Señor Jesús, en la hora de dolor, pensó que su Padre lo había abandonado.

El otro día, conversé con un jovencito de trece años de edad. Estaba desconectado de la vida. Tenía todo el futuro por delante, pero decía: ¿Qué futuro?

A nadie le importa siquiera que existo. Lo decía, porque nunca había conocido a sus padres, y había sido criado por una amiga de la mamá.

Bueno, yo sé que hay momentos en que todo parece complicado y nos sentimos como hojas secas, arrastradas por el viento.

Pero entonces, viene la afirmación de Jesús, registrada en el versículo de hoy. Aunque pienses que a nadie le importa tu existencia, a Jesús sí le interesa, “pues aun tus cabellos están contados”.

¿No es animadora la promesa divina? ¿A quién le importa un cabello? A nadie. Y ¿cuántos cabellos hay en las cabezas de todo el mundo? ¡Incontables! Nadie se daría el trabajo de contarlos. ¿Para qué? ¿Qué importancia tiene un cabello? 

Para Dios, mucha. Tanto es así que toma interés. Y tú ¿no vales más que un cabello?

Yo sé que este mundo es cruel. Más crueles somos los seres humanos que, cuando queremos hacer sentir insignificante a una persona, sabemos qué decir y cómo decirlo.

Pero, si tú eres una de esas personas heridas por la vida; si te sientes solo y abandonado; si crees que nadie te ama; si hay horas en que, al mirarte en el espejo de la vida, tú tampoco te aceptas.

Si esto es así, piensa en la maravillosa figura que Jesús usa en el versículo de hoy para decirte que tú eres muy importante para él. Tu valor no se mide por lo que tienes o por lo que eres, sino por lo que Dios piensa de ti.

En casa de mis padres, hay un sombrero viejo y gastado por el tiempo. No vale nada. Cualquier persona que no conoce la historia podría echarlo a la basura; pero, para mis hermanos y para mí, aquel sombrero no tiene precio. Fue el sombrero de nuestro padre.

El valor de aquel sombrero no radica en el objeto en sí, sino en lo que ese viejo sombrero significa para nosotros.

Puede ser que ni tú ni yo valgamos nada en sí, pero tu valor reside en lo que significas para Jesús; y, para él, no tienes precio, como no lo tenía su sangre derramada en la cruz.

Entonces, sal hoy, para enfrentar los desafíos del día, sabiendo que vales mucho, y que, “aun tus cabellos están todos contados”.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 27 de Mayo del 2011

EN SU MUERTE
Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Romanos 6:4.

¿Alguna vez imaginaste cómo te sentirías si de repente despiertas, y te descubres dentro de un ataúd, enterrado vivo?

Bueno, un chino sobrevivió a su propia “muerte”, después de ser enterrado, aún con vida, por equivocación, durante tres horas, informa el diario China Daily, del 28 de junio del año 2006.

El siniestro suceso tuvo lugar en el condado de Tengxian, en una región del sur de China, cuando los médicos decretaron la “muerte” de Liang Jinshi, un enfermo diabético de cuarenta años.

El cuerpo de Liang fue enterrado pero, tres horas después de la ceremonia, su esposa acudió a la tumba, donde, en medio del silencio sepulcral, escuchó la voz de su esposo.

La mujer, asustada, avisó a los hermanos de Liang. El “cadáver” fue exhumado del ataúd y, para sorpresa y alegría de la familia, Liang seguía con vida.

Los médicos señalaron que los arañazos en el ataúd demuestran que Liang permaneció vivo, en coma y con respiración; y no descartan que se trate de un caso de catalepsia.

La catalepsia es un estado neurológico patológico, en el que se suspenden las sensaciones y se inmoviliza el cuerpo; y ha provocado, a lo largo de la historia, el entierro de muchas personas aún con vida.

En el versículo de hoy, Pablo indica que, en el momento del bautismo, somos sepultados con Jesús.

Pero, debemos tener cuidado de que realmente hemos muerto al pecado. Enterrar a una persona viva, tanto en la vida física como en la espiritual, puede resultar en tragedia.

El peor testimonio que puede haber, para denigrar la imagen del cristianismo, es una persona que nunca murió a la vida pasada, y “viste la camiseta” del cristianismo.

Pero, el milagro de la conversión es un trabajo sobrenatural, que el Espíritu Santo realiza en la experiencia de las personas que se acercan a Jesús con fe.

Hoy puede ser ese día. Solo es necesario creer. La mente humana jamás será capaz de entenderlo pero, aunque no lo sientes ni lo entiendes, lo vives.

Y esa vida se traduce en obras de amor hacia Dios y hacia los semejantes. Entonces, hoy, antes de salir rumbo a las labores cotidianas, recuerda que:

Somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 26 de Mayo del 2011

OS RESTITUIRÉ
Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros. Joel 2:25.

Restituir”, en el original hebreo, es shalam. Literalmente, significa estar en paz con Dios. 

Hubo muchos períodos tristes en la historia de Israel. La tristeza no era el problema; el problema era que se alejaban de Dios, siguiendo sus propios caminos. 

Y el resultado de esa actitud de terquedad humana era triste: desgracia; derrota; humillación delante de los enemigos; tierras desiertas o, en la mejor de las hipótesis, destruidas por las plagas.

Lamentablemente, los seres humanos solo percibimos las tragedias del cuerpo: hambre, necesidad, falta de abrigo. Cosas útiles, tal vez, pero son apenas consecuencias de la raíz de todos los problemas, que es el alejamiento de Dios.

Sin embargo, la historia nos muestra que, cada vez que el pueblo desobediente se arrepentía de su actitud rebelde y se volvía de sus malos caminos, la promesa divina era promesa de restitución.

El pacto de paz que el pueblo había violado era restaurado por el Señor y, en consecuencia, las bendiciones regresaban como si nunca se les hubiesen retirado.

La tragedia de la humanidad es que solo espera las bendiciones, pero no desea regresar, de corazón, a los caminos de justicia.

Multitudes llenan estadios en busca de una bendición material, pero el corazón continúa vacío, porque el verdadero problema es el distanciamiento de Dios.

Por eso, a lo largo de la Biblia encontramos, una y otra vez, la invitación divina a regresar. 

En Génesis, Dios llega al Jardín y llama a sus hijos: “¿Dónde están?” En Apocalipsis, el último libro de la Biblia, las últimas palabras son: “Y el Espíritu y la esposa dicen ven, y el que oye diga ven, y el que tiene sed, venga”.

¿Cuántas veces tendrá que llamarte el Señor Jesús, para que entiendas que, sin él, nada de lo que logres en este mundo tiene sentido? ¿Cuántas veces tendrá que dormir a la intemperie, esperando que le abras el corazón?

¡Hoy es el día de buena nueva! Hoy es el día de salvación. No salgas de casa sin la seguridad de que has regresado al Señor. 

Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros”. Joel 2:25.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 25 de Mayo del 20115

BENDITO
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Efesios 1:13.

Cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra, se dirigió, un día, a cierto grupo de personas, y les dijo:

Vosotros sois hijos del diablo y las obras de vuestro padre, el diablo, queréis hacer.

Personalmente, creo que esta fue una de las declaraciones más fuertes de Jesús.

Esto es, fuertes, desde nuestro punto de vista; pero, el Señor no los estaba agrediendo; simplemente estaba describiendo la triste situación del ser humano natural.

El ser humano solo necesita nacer, para pertenecer al reino de las tinieblas. No es una opción; todos nacemos en pecado y destituidos de la gloria de Dios.

Pero, nadie se va a perder por eso, porque Dios proveyó el remedio; y el remedio es Jesús. Ese es el mensaje del texto de hoy.

Pablo resalta a Dios como el Padre de Jesucristo no porque Jesús sea menos Dios que el Padre, sino porque desea poner de relieve la bendición espiritual con la que fuimos bendecidos, en los lugares celestiales, al pasar de nuevo a formar parte del Reino de Dios; al volver a ser hijos de Dios.

Juan lo expresa de otra forma: “Amados, ahora somos hijos de Dios”.

Y antes, ¿de quién éramos hijos? “Antes”, cuando no conocíamos a Jesús; cuando vagábamos sin rumbo, en el reino de las tinieblas; cuando nos dirigíamos inexorablemente hacia la muerte; cuando no teníamos esperanza, y si la teníamos, estaba limitada solamente a las cosas pasajeras de este mundo, éramos hijos del pecado.

Pero, todo eso ya pasó. Es historia. Una historia triste, tal vez; pero quedó enterrada en el polvo del olvido porque el Señor Jesucristo vino a este mundo, y no tuvo vergüenza de llamarse nuestro hermano, al asumir nuestra naturaleza y cargar con nuestros pecados.

Por eso hoy, sal hacia el cumplimiento de tus deberes con la frente en alto. Eres un príncipe en el Reino de Dios. Nada le debes al enemigo: tu vida fue clavada en la cruz del Calvario, en la persona de Jesús.

Eres libre para soñar, para vivir, para volar hacia el destino glorioso que Jesús te preparó desde antes de la fundación del mundo:

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. Efesios 1:13.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 24 de Mayo del 2011

JUICIOS INSONDABLES
Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Romanos 11:33.

La noche estaba oscura, en medio del desierto. El aullido de los chacales la volvía más tétrica y asustadora. 

Tres jinetes cabalgaban en silencio, aprovechando que el sol dormía. Caminar durante el día sería suicidio; nadie podía soportar las inclemencias del calor.

Al llegar al lecho seco de un río, el guía les ordenó: ¡Alto! Los tres jinetes obedecieron al instante.

Habían prometido al guía que lo obedecerían en todo, aunque las órdenes fuesen, en apariencia, sin sentido.

A pesar del cansancio, los jinetes bajaron de los caballos y colocaron pedregullo en sus bolsos, conforme a la orden del guía. ¿Para qué?, preguntaban en su corazón; ¿por qué no aprovechamos la noche para avanzar?

Continuaron el viaje descontentos, refunfuñando en su interior; molestos con las órdenes incoherentes del extraño beduino.

En medio de las sombras, se escuchó la voz del hombre del desierto: “Mañana, al salir el sol, ustedes estarán felices y, al mismo tiempo, tristes”. Y desapareció.

Ellos avanzaron solos, extenuados por el viaje agotador; dos de ellos, inclusive, arrojaron algunos pedregullos al ver que el guía no los acompañaba.

Las horas pasaron. El sol salió, esplendoroso y brillante. Era hora de detenerse y descansar. Pero antes, metieron las manos en el bolsillo, para ver el pedregullo, y ¡no podían creer lo que veían!

Eran diamantes de mucho valor: ¡eran ricos! Pero inmediatamente la tristeza se apoderó del corazón. ¿Por qué no habían recogido más? ¿Por qué no aceptaron las órdenes del guía, sin reclamar?

La vida es así. Caminamos en el desierto de un mundo lleno de tinieblas, y no podemos ver lo que encontramos en el camino. Cuántas veces pensamos que Dios nos abandonó o que no le importan nuestros problemas.

Cuántas veces discutimos sus maravillosos designios. Vez tras vez, incluso, pensamos que es injusto al permitir que el dolor llegue a nuestra vida.

Pero, el sol del día eterno llegará, cuando Jesús aparezca en las nubes de los cielos; y ese día entenderemos que el pedregullo que cargamos eran los diamantes más preciosos.

Comienza este día con la determinación de aceptar los planes divinos, sin discutir ni protestar. Di, como Pablo: “¡Oh, profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, enescrutables sus caminos!”. Romanos 11:33.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 23 de Mayo del 2011

UN SUEÑO
Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. Génesis 37:5.

La historia de José es una historia de sueños. La Biblia lo llama “José, el soñador”. El centro de sus sueños era Dios.

Aquella tarde, cuando sus hermanos lo vendieron y fue llevado a Egipto, una tierra distante, miró por última vez desde la colina hacia las tiendas de su padre, e hizo una promesa a Dios:

Señor, no sé adónde voy ni adónde me llevan; pero, pase lo que pase, cueste lo que costare, nunca dejaré de amarte.

Las personas pueden quitarme la libertad, pueden intentar acabar con mis sueños, pueden arrancarme los brazos, las piernas, e incluso alejarme de mi familia.

Voy a un país donde no tengo amigos, y nadie me conoce. Voy como esclavo; tal vez, para comenzar lavando platos y limpiando baños.

Pero voy contigo y, pase lo que pasare, nunca dejaré de amarte. El amor de Cristo inspiró la vida de José todos los días.

Fue vendido como esclavo, y se mantuvo fiel frente a las más audaces tentaciones. Y ¿cuál fue la recompensa que recibió por su fidelidad? La prisión.

En este mundo, no siempre tu fidelidad va a traerte, como recompensa, el cielo. En esta tierra, a veces, la fidelidad va a traerte hambre, pobreza, renuncia, y hasta el desprecio de tus amigos.

No te preocupes. Si Jesús está contigo, si le has entregado la vida a Cristo, vayas a donde vayas, el Señor irá contigo.

Y desde la prisión, desde la mazmorra, desde la desgracia, te va a levantar y te va a convertir en un príncipe, porque tú eres hijo del Reino; has nacido para serlo y, finalmente, llegarás a serlo.

José es el hombre que nunca dejó de amar a Dios. Por su amor a Dios, descendió a las profundidades del dolor y del sufrimiento; pero, también, fue levantado de allí, hasta las cumbres más elevadas.

Llegó a ser el segundo hombre más poderoso de Egipto, una nación pagana.

Si tú luchas en busca de un futuro mejor, amas a Jesús y nunca te apartaste de su amor, y pese a eso, parece que todo te va mal; si, no obstante, mantienes tu amor y tu fidelidad por Cristo, créeme que Dios te va a colocar en los lugares más altos.

Haz de este un día de sueños; que el más grande de todos sea permanecer fiel a Dios hasta el fin, a pesar de la incomprensión de tus hermanos. Porque “soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía”. Génesis 37:5.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 22 de Mayo del 2011

LA BUENA VOLUNTAD DE DIOS
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2.

Cómo sería tu vida si fuese solo el cumplimiento de la voluntad de Dios?

¿Dónde estarías, si siempre hubieses cumplido la voluntad de Dios?

El texto de hoy afirma que la voluntad de Dios, para ti, es agradable y perfecta.

El apóstol Juan lo dice de otra manera: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”.

Prosperidad en todas las cosas, no solo en la vida espiritual. Dios desea lo mejor de lo mejor, para ti: esa es la voluntad “agradable y perfecta” del Señor.

Pero, eso no se cumple en tu vida por acaso; existe una condición para el cumplimiento de esta promesa. Y la condición es:

“No te conformes con la manera de pensar de las personas que viven en estos días, sino renuévate por el conocimiento de la Palabra de Dios”.

El resultado es que comprobarás la buena voluntad de Dios para ti.

La palabra “comprobar”, en el griego, es dokimazo, que tiene la connotación de hacer suyo un concepto, después de haberlo analizado.

¿Quieres saber cuál es la voluntad agradable y perfecta de Dios para tu vida? ¿Quieres que esa voluntad se haga una realidad en tu experiencia?

Necesitas renovarte. No puedes acomodarte a la manera de pensar de los seres humanos. La mayoría de las personas de nuestro tiempo considera a Dios un detalle sin mucha importancia.

El “dios energía” está de moda, porque no demanda compromiso; a la energía tú la usas y, cuando no la necesitas más, la descartas.

Pero, Dios no es simple energía, es una Persona. Y con una persona tienes que relacionarte con compromiso. Necesita estar presente en tus decisiones, proyectos y planes.

Hoy es una oportunidad de conocer la agradable y perfecta voluntad de Dios para ti. Por eso, no salgas de tu casa sin la seguridad de que has renovado tu manera de pensar mediante el estudio y la meditación de la Palabra de Dios.

Si lo haces, ciertamente hoy será un día de victoria, y las cosas que, aparentemente, se presentaban sin solución serán superadas, porque una cosa es luchar solo y otra, completamente diferente, es luchar sabiendo que Jesús está a tu lado.

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Romanos 12:2.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 21 de Mayo del 2011

CRECER MÁS Y MÁS
Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. 1 Tesalonicenses 4:1.

El crecimiento es la ley de una vida saludable. El día que dejas de crecer estás condenado a muerte.

Pero, el crecimiento implica dolor. Tal vez por eso, mucha gente se resiste a crecer.

Prefiere acomodarse, y vive sin enfrentar desafíos, sin escalar las montañas de la vida.

En el versículo de hoy, el apóstol Pablo habla de crecimiento en la vida espiritual. El primer paso del crecimiento es el aprendizaje:

De la manera como aprendisteis”, indica Pablo. A su vez, el primer paso del aprendizaje es la ignorancia, no en el sentido de torpeza, sino en el de reconocer que no sabes.

En la vida cristiana, esto te lleva a la Palabra de Dios. El estudio diario de la Biblia es el camino hacia el crecimiento; no el estudio como un deber, sino como la experiencia maravillosa de estar en comunión con Jesús.

La Biblia es la carta de amor que Jesús te escribió. Es la manera de comunicarse contigo, de mostrarte los peligros del camino, de enseñarte las veredas de justicia y conducirte al destino glorioso que te tiene preparado.

Pero, al abrir el Libro Sagrado, tienes que renunciar a tus propios conceptos y reconocer que Dios conoce el camino mejor que tú. Este es un proceso que lleva toda la vida; y Pablo llama a este proceso “crecimiento”. Dice: “Así, abundéis más y más”.

La abundancia es el resultado de tomarse los consejos divinos en serio. Dios es un Dios de abundancia. Jesucristo declaró, en cierta ocasión: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

Pero, en la vida espiritual, la abundancia no es el fruto del esfuerzo, sino de la humildad, de la dependencia de Dios y de la sumisión a las enseñanzas de la Palabra de Dios.

Hoy tienes delante de ti un nuevo día. Cada día es una nueva oportunidad; es una hoja en blanco, que Dios te brinda para que escribas una nueva historia; es la oportunidad de corregir los errores de ayer, de extraer lecciones de los fracasos y de seguir andando, y creciendo y abundando más y más.

Empieza el día con la seguridad de que el consejo de Dios se ha hecho realidad en tu experiencia. Recuerda las palabras de Pablo: “Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más”. 1 Tesalonicenses 4:1.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 20 de Mayo del 2011

NO TE DEJARÉ
Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó. 2 Reyes 2:4.

Hay momentos tristes en la vida. Y este era uno de esos. Había llegado la hora de la partida. Partir siempre es morir un poco.

Pero, mientras vivas en este mundo, muchas veces tendrás que partir.

No existen sueños realizados sin partir; no hay nuevos desafíos sin partir. Sin partir, te quedas.

Siempre hay nuevas fronteras que conquistar: el cielo es azul e infinito, para los que creen en Jesús.

Para Elías, había llegado la hora de partir. Y dijo a su discípulo Eliseo: “Quédate aquí”. ¿Quedarse? ¡Jamás! Quedarse no es morir un poco, es morir definitivamente.

La respuesta del alumno fue inmediata: “No te dejaré”. De cierta manera, encontramos aquí, a Elías, como un símbolo de Jesús.

En cierta ocasión, el Señor también conminó a sus discípulos: “¿Queréis iros vosotros también?”

La respuesta de Pedro, como la de Eliseo, no se dejó esperar: “¿A quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna”.

Seguir al Maestro no es siempre fácil. Muchas veces, es más cómodo dejarlo partir; quedarse, acomodarse a la mediocridad, a la rutina y a la monotonía de las cosas tradicionales.

Pero, para vivir una vida que valga la pena ser recordada, es necesario partir. No como un enajenado, sin saber adónde ir; no como un rebelde, para desperdiciar la vida sin un rumbo; no como una hoja de papel, que el viento lleva sin dirección.

Sino en pos del Maestro, andando por donde él anduvo, viviendo su vida, siguiendo sus pasos, haciendo sus obras.

La vida está constituida de decisiones. Todos los días, cada hora, siempre, tenemos que decidir qué haremos.

¿Te quedarás o partirás? De esas decisiones, dependerá tu futuo porque, un día, cuando llegues al final de la jornada en esta tierra, habrá llegado el momento de partir o quedarte.

Quedarte significará morir eternamente; desaparecer en el polvo de las decisiones equivocadas. Pero, partir significará ir con Jesús, a quien no lo dejaste en esta tierra, por quien viviste, a quien dedicaste la vida.

Parte hoy, pero sigue al Maestro. Con él, la derrota se transforma en victoria, y hasta los fracasos son solo oportunidades de aprendizaje.

Y recuerda: “Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó”. 2 Reyes 2:4.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 19 de Mayo del 2011

A LOS QUE AMAN A DIOS
Y sabemos que a los aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28.

Seguramente este versículo te parece familiar. Es uno de los versículos que consuela a las personas en los momentos de dolor y de prueba. 

El sentido principal es que nada sucede a los hijos de Dios sin un propósito. Dios sabe por qué permite que el dolor llegue a la vida del cristiano. 

Pero, el texto no es la simple promesa de que todo dolor tiene un propósito; si te pones a analizar el contenido con detenimiento, notarás que la promesa es solo para los que “aman a Dios”.

Si le entregas el corazón a Jesús, te colocas en las manos de un Dios que jamás pierde el control de las cosas. 

El mundo puede estar cayéndose a pedazos, pero tu vida está segura porque, aunque los hijos de Dios también sufren en esta tierra, el dolor, para ellos, tiene un propósito formativo. 

Es en el dolor que creces; es en medio a las lágrimas que aprendes a depender de Dios. Pero, ¿por qué sufren los hijos de Dios? Hay varios motivos. 

El principal, es que vivimos en un mundo de pecado, en el cual el dolor es como la lluvia o como el sol que, cuando llegan, llegan para justos e injustos. 

Sin embargo, en el contexto de Romanos 8, los hijos de Dios muchas veces sufren porque no saben lo que es bueno para ellos. 

Eso es lo que dice el versículo 26: “Y de igual manera el espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”.

Esta declaración es dramática: no sabemos pedir lo que debemos. Somos como niños: creemos que una golosina es la cosa más deliciosa del mundo; pero, la mamá sabe que necesitamos comer verdura, y nos la hace comer a la fuerza. 

Quedamos contrariados; lloramos. Pero un día, cuando el niño crece, no le resta otra cosa sino agradecer a la madre.

Lo mismo sucede con nosotros. Nos engolosinamos con las cosas de esta vida y, si las perdemos, creemos que Dios nos ha abandonado y no nos ama. Pero, el tiempo se encarga de demostrarnos lo engañados que estábamos.

Haz de este un día de confianza en Dios. En primer lugar, entrégale el corazón a Jesús, y después, confía en él aunque las cosas no salgan como tú lo deseas, porque “sabemos que a los aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Romanos 8:28.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 18 de Mayo del 2011

MISERICORDIA Y GRACIA
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4:16.

Tendría seis o siete años cuando un equipo profesional de fútbol llegó a mi ciudad. Los jugadores famosos de aquella época caminaban por las calles céntricas. 

Todos los niños se acercaban a pedir autógrafos. Las máquinas fotográficas no eran tan comunes como hoy, y el fotógrafo de la ciudad estaba haciendo una fiesta particular. 

Yo, curioso como cualquier niño, caminaba al lado de la multitud; pero tímido, como siempre, no me atrevía a acercarme a jugadores tan famosos, a los que conocía solo por la radio y los periódicos.

De repente un jugador moreno, bajito, llamado Vides Mosquera, me llamó. Yo miré a todos lados; ¡no podría llamarme a mí! 

Él no me conocía, y yo era apenas un niño en medio de la multitud. Pero era verdad: ¡me estaba llamando a mí! Jamás me olvidé de él, y siempre acompañé su trayectoria, aunque jamás jugó por el equipo de mi preferencia.

Distancias aparte, hoy pienso en el Trono de Dios, el Rey del universo. ¿Cómo acercarnos al Señor, si no somos más que pobres pecadores? 

No lo merecemos; no somos dignos. Todos estamos destituidos de su gloria y condenados a muerte eterna. No hay justo ni siquiera uno; no hay quien haga el bien. No; de hecho, no tenemos ningún derecho.

Pero, el versículo de hoy afirma que podemos ir confiadamente a él. ¿Por qué? Hay dos motivos: su misericordia y su gracia. 

Por su misericordia, Dios no nos da lo que merecemos, que es la muerte; y por su gracia, nos da lo que no merecemos, que es la vida.

Alcanzar misericordia y hallar gracia. ¿Dónde? Junto al Trono del Señor. ¿Para qué? Para el oportuno socorro. ¡Ah! cómo necesitamos de auxilio y socorro. 

Hay momentos en la vida en que te sientes tan lejos de Dios; como si él te hubiese abandonado. Lo necesitas tanto; pero te sientes tan distante, y piensas que todo está perdido.

En momentos como esos, acuérdate de la promesa de hoy. Nada tienes que temer. Confía en el amor maravilloso de Dios, a pesar de tus deslices; a despecho de tus incoherencias. 

Dios te ama, y el Señor Jesús pagó el precio de tus rebeldías en la cruz del Calvario.

Por eso, hoy, sal de tu hogar sin temor, recordando el consejo bíblico: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Hebreos 4:16.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo

Matutina del 17 de Mayo del 2011

MI GOZO
Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido”. Juan 15:10, 11.

La promesa de Dios para hoy es: “Que mi gozo esté en vosotros”.

¿Cuándo estará el gozo de Jesús en nosotros? Cuando lo obedezcamos. Así de simple, sin complicaciones.

Pero, mira cómo son las cosas, muchos piensan que los Mandamientos del Señor están allí para crearnos problemas; para quitarnos la libertad; para ser un fardo horrible de cargar.

Pero Jesús viene, y dice que están allí para traernos gozo. Explica que la obediencia a esos Mandamientos hace que nuestro gozo sea cumplido. ¿No es extraordinario?

Pero, veamos por qué la obediencia produce gozo.

Es que el ser humano fue creado, originalmente, para obedecer. Su naturaleza original, en la Creación, era obediente. Es verdad que, después de la entrada del pecado, la humanidad adquirió la naturaleza pecaminosa desobediente.

Pero, la desobediencia es una experiencia intrusa; es fruto de la entrada del pecado. En el fondo, el ser humano se deleita en hacer la voluntad de Dios, es decir, obedecer le produce gozo.

Aunque la naturaleza pecaminosa te lleva por los caminos de la desobediencia y, de alguna manera, te proporciona placer, te trae, al mismo tiempo, el peso de la culpa; el fardo atormentador de saberte rebelde; el instinto de muerte que el pecado lleva consigo.

Si el hombre supiese eso, hasta por un motivo egoísta de ser feliz trataría de obedecer.

Claro que quien ha nacido del Espíritu no obedece con el objeto de obtener gozo; obedece porque ama a Dios y reconoce su soberanía. Pero, el resultado, el fruto de eso, es una vida feliz.

Haz de este día un día de obediencia.

Aunque algunos principios de la Palabra de Dios te parezcan anticuados, pasados de moda; aunque las personas a tu alrededor no te comprendan o se rían de tu respeto por las advertencias divinas, continúa adelante, sabiendo que el Señor desea, para ti, una vida feliz y victoriosa, ¡y para eso te dejó sus Mandamientos!

Empieza tus deberes, hoy. Pero medita una vez más en las palabras de Jesús: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo
sea cumplido
”.


Autor: Pastor Alejandro Bullón.
Del Libro: Plenitud en Cristo
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